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Historias del fútbol local

Marcelo Martínez, el auténtico volante completo

Dejó su huella en Toritos, Sportivo, Patronato, Unión, Cultural y Belgrano. Nunca dejó su pasión por el fútbol pese a las lesiones -4 fracturas-. El arrepentimiento por volverse del Tatengue. Su amor por Boca. Ser profe, su profesión.

Tras superar el bullying y comenzar su trayectoria como arquero encontró su lugar en el mediocampo, dejando su huella en clubes como Toritos de Chiclana, Sportivo Urquiza y Patronato. A pesar de su pasión incondicional por el fútbol, una carrera marcada por lesiones y el reconocimiento de que el profesionalismo no era su camino, lo llevó a dedicarse a la docencia. Se recibió como profesor de educación física y, con más de 20 años de carrera, se jubiló.

Marcelo es categoría 71 y el comienzo futbolístico se retrotrae a su infancia, en el barrio, con amigos y como arquero. “En el equipo del barrio era el arquero. Como de chico tenía un poco de sobrepeso me mandaron al arco. Jugué un tiempo en Cementos San Martín en Bajada Grande. Después de perder un partido 5 a 0 no me gustó nada y empecé a jugar en otra posición”, recordó el paranaense

Martínez reconoció que el fútbol es su pasión desde que tiene uso de razón. “Mi viejo, mi barrio San Agustín fueron lo que me dieron esa pasión. Yo crecí en la calle y era jugar a las bolitas y al fútbol”, sostuvo.

Ya como jugador de campo, Martínez funcionaba como número 5 “era grande para la edad y por el bullying, que era increíble en esa época donde nos gritaban, a mi y unos compañeros, barbaridades por que era muy grande para mí categorías. Entonces yo decidí jugar con la categoría 70, donde seguía siendo grande. Por momentos llegaba llorando a mi casa por lo que me gritaban aparte jugaba bien, hacía goles”, recordó el ex futbolista sobre sus inicios en Los Toritos de Chiclana.

Luego los destinos del fútbol lo llevaron a jugar con Unión de Santa Fe con tan solo 15 años. “Me llevó a probar el padre de un compañero. Quedé, jugué muy bien y al tiempo por una mala decisión decidí volverme a Paraná porque no me pusieron en un partido. Estaba para seguir, pero me enojé y no quería saber nada. Me volvieron a buscar y no fui”, contó.

Tras su regreso a la Liga Paranaense comenzó a jugar en la primera de Toritos. “En un verano me fui a probar a Sportivo Urquiza, anduve bien y quedé. Ahí me encontré con un gran grupo de personas, con las que hoy sigo siendo amigo, la verdad que ese club en ese momento era muy fuerte como equipo, pero sobre todo buenas personas fuera de la cancha”.

Tras los primeros años en Sportivo, Marcelo fue pretendido por Patronato a los que le dijo que no en una primera oportunidad. “Dije que me quería quedar en Sportivo porque me sentía arraigado por el grupo en sí. Después me decidí por ir a Atlético de Rafaela donde firmé el pase y justó empezó el problema de los pases que al final no me lo dieron. Patronato me volvió a buscar y dije que sí”, sostuvo.

“Ahí conocí gracias a Alcides (Merlo) lo que era el profesionalismo en cuanto al cuidado, al entrenamiento, a muchas cosas”, reconoció el ex mediocampista.

JUGAR O ESTUDIAR

“Entre que terminé la secundaria hasta los 21 años solo pensé en jugar al fútbol. Desde chico, no sé de dónde vino pero siempre me apasionó el fútbol, y todo era para el fútbol. Lo intenté desde chico que fui a probarme a Racing pero al no tener alojamiento no quedé”, reconoció Martínez.

“Yo tengo una teoría en cuanto a que yo amaba tanto el fútbol, pero el fútbol no era para mí. No era lo que yo estaba predestinado a hacer”. Tras comprender eso, Marcelo comenzó a perfeccionarse y se inició en el profesorado de educación física. “Es algo que no acepté porque hasta el último momento yo quería ser futbolista. Me dolió muchísimo cuando dejé de jugar, hasta dejé de ir a la cancha, no podía ir”, comentó.

Analizando su paso por el deporte que tanto lo apasiona, Marcelo manifestó: “Tuve una carrera con muchas lesiones. Sufrí 3 fracturas de tibia y dos de nariz, debo haber sido el jugador de Patronato que más se lesionó. Fue una época con muchos altibajos, de buen juego y un designio que decía quédate acá. Me costó horrores volver a jugar pero yo amaba el fútbol”.

Su derrotero por el fútbol incluyó Los Toritos de Chiclana, Unión, Sportivo Urquiza, Patronato, Barrio Norte de Gualeguay, Unión de Crespo, Barraca de Paso de los Libres. “Después de Barracas volví a Patronato, donde empecé a trabajar en una escuela. Me iba bien con Adalberto Tobaldo, pero los dobles turnos me costaba horrores porque a la siesta tenía que ir a trabajar y en un momento dije ya está. Me quería dedicar a lo mio”. Su retiro del fútbol fue en la Liga de Paraná Campaña vistiendo la camiseta de Cultural de Crespo a los 29 años y ahí mismo incursionó como entrenador.

“Después fui a Belgrano, que fueron 3 o 4 partidos, momento que tengo que eliminar de mi curriculum. Luego dirigí Sportivo Urquiza en un período muy bueno que fue opacado por la situación de un jugador y ahí decidí dejar por completo el fútbol”, reconoció.

“Me decidí por dedicarme de lleno a lo mío porque sentí que ya estaba, me hubiese gustado ser ayudante para aprender de la profesión porque no es fácil ser entrenador. Tenes que ver todo, no solo desde donde vos jugabas. Siempre me caractericé por ser una buena persona, pero formar grupos y la conducción te lleva a tomar decisiones que no son amigables y que ocasionan ciertas rispideces”, sostuvo Martínez.

Asimismo, Marcelo contó que ese momento marcó su vida e hizo que el fútbol se fuera diluyendo. “Agradezco porque a mi me conocen más por el fútbol que por la profesión. Es algo que te abre muchas puertas”.

LOS DESTACADOS DE SU CARRERA

El mejor Marcelo Martínez, de la trayectoria como futbolista, lo retrotrajo a su época en Sportivo Urquiza y en Patronato, en la primera etapa antes de las lesiones. “Se dieron ciertas situaciones. Nunca fui un jugador individualista, siempre traté de ser solidario con el compañero y a veces en el fútbol te tocan cuestiones que tenés que ser más egoísta y yo no lo sentía así”, señaló.

Y remarcó: “Siempre digo que si no llegaste es porque algo faltaba. Entonces, por ahí tenés la condición física, por ahí tenés la condición futbolística, pero tal vez mental no. O al revés. Y tal vez en lo mental yo no era tan fuerte como para sostener algunas cuestiones”.

¿QUÉ ES EL FÚTBOL?

“Fue la parte más importante de mi vida. Yo vivía para el fútbol desde chico”, señaló el paranaense.

Y recordó una anécdota: “En el Mundial de 1974 mi abuelo era el único que tenía televisión en el barrio y yo me escapaba, como todo chico de barrio nos escapamos, y no me encontraban y estaba mirando el Mundial. Veíamos mucho de Pelé antes de Maradona que es lo más grande que hay”.

Asimismo, Marcelo reconoció que el deporte le permitió tener muchos amigos. “El fútbol me dejó amigos, hermanos de la vida. Agradezco lo que me dio el deporte, la profesión también. Puede ser que uno genere esas cosas de la lealtad, de estar donde siempre haya algo que hacer”.

“El fin nunca fue jugar por la guita, era solo jugar al fútbol. Era solo estar adentro de una cancha, que es lo que sigue siendo el deporte. Con otra visión, más tranquilo pero con el mismo objetivo”, sostuvo.

“A los de mi edad les digo que disfruten porque siempre quieren ganar, jugar tantos partidos como sea posible en el día o un maratonista que se quema entrenando. La idea es que disfruten un partido, que la salud es importante y hay que disfrutar otras cosas que está bueno”.

DOCENCIA

Marcelo se dedicó por más de 20 años a la docencia donde logró jubilarse. “Tuve la suerte, y agradezco, de haber estudiado. Mis viejos y mi familia me inculcaron esa responsabilidad porque uno en la juventud y en el fútbol se puede descarriar tanto si te va bien o si te va mal. Ese sostén familiar estuvo siempre, fueron un puntal importante”.

“La profesión me dio tanto o más satisfacciones que el fútbol porque el fútbol era una de cal y una de arena. Y en la docencia, gracias a dios, tuve la suerte de hacer una carrera donde llegué a ser rector de una institución, entonces siempre estuvo la responsabilidad”, señaló.

Pese a ser docente jubilado, se mantiene en actividad manejando un gimnasio de su propiedad. “Eso me mantiene activo porque entreno seguido”, comentó.

“Hoy veo que hay una cultura de entrenamiento, aunque sea dos veces a la semana, de mucha gente +50 que se está entrenando. Eso es buenísimo, no solo por cómo vas a jugar el sábado porque hay que verlo desde el punto de vista de la salud. Sí no estoy de acuerdo en los sábados comer un asado y jugar en el fútbol independiente”.

“Es una práctica que se volvió costumbre, sigue habiendo accidentes graves donde jugamos nosotros en todos los lugares de veteranos. Así que la prevención es hoy lo más importante por eso recomiendo entrenar”, manifestó Martínez.

EL SOSTÉN MÁS IMPORTANTE DE LA VIDA

“Siempre fui familiero con todos, tratando de compartir con la familia cercana. Con mi esposa, que está a mi lado desde que somos adolescentes y mi hija que fue la alegría más grande que tuve, pero mis viejos han sido todo. Son lo más importante que tengo”, resaltó.

"Mi viejo me dio los valores, me dio todo. Me emociona recordarlo. Hicimos todo, no me quedó nada pendiente de cumplir", recordó con alegría a su padre.

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