Darío inició a jugar a la pelota en el barrio, en las inmediaciones de la iglesia San Francisco de Borja de Paraná. “En esa época eran dos categorías que tenía la agrupación y jugábamos torneos libres donde varias veces resaltaba jugando. Primero pasé un par de meses por Instituto y después por intermedio de Daniel “Lato” Múñoz, que me marcó un montón, fui a Universitario”, contó Darío que hasta ese entonces la única referencia deportiva en la familia era la de su padre que jugaba en torneos libres.
Años más tarde le llegó la oportunidad de probar suerte en un grande del fútbol argentino como Rosario Central. “Cachi Céparo, hermano del futbolista Tato Ceparo, me preguntó si quería ir a probar que iban a estar en Cerrito viendo jugadores. Hice la prueba, les gusté, me preguntaron si podía ir a Rosario y ahí entré en duda tenía que preguntarle a mi viejo. Empecé a ir los viernes y en enero del 91 me querían en la pretemporada”, recordó.
Con 15 años, cursando la secundaria, no fue una decisión fácil de tomar tanto propia como familiar. “Mi viejo estaba ilusionado tanto como yo. Yo quería jugar a la pelota, era mi sueño desde chico que escuchaba los partidos por radio y anotaba todo”, rememoró.
“Cuando empecé a jugar en Central me bancaba mi viejo. Me acuerdo que fui con Martín Isla, que jugaba en Instituto. Los primeros 6 meses nos bancamos la pensión, mi viejo hizo un esfuerzo muy grande”, comentó el exfutbolista. Los buenos rendimientos en los entrenamientos y los juegos en inferiores le sirvieron para que el por entonces entrenador de reserva, Vicente Cantatore, lo subiera a Reserva.
“Primero hice Liga Rosarina, después empezaron inferiores de AFA. El primer año estuve en la primera local y al año siguiente empecé a practicar con reserva. Antes la reserva era más difícil porque había muchos jugadores y no se iban tan rápido. Estaban Falaschi, Úbeda, Carbonari, Lusenhoff, Sergio Vázquez y un montón de jugadores impresionante. Era muy difícil por eso estuve 3 años jugando en reserva”.
“Me mantuve hasta que llegó el tiempo de hacer contrato en el 95. Marchetta me llevó a la pretemporada primera ese año y ahí Edgardo Bauza me mandó para hablar con un representante con otros jugadores, Gaitán, Moreyra entre otros. Fuimos, hablamos con el empresario y yo no le dí bola, los otros si firmaron”, comentó.
“Yo como dije estoy en el plantel profesional ya está. En octubre nos dieron libre y teníamos que volver en diciembre. Estando en mi casa me llega un telegrama de rescisión de contrato de Rosario Central y yo no entendía nada. Al tiempo me fui a jugar a la Liga Cañadense, y un conocido que me llevó a jugar ahí me dice te enteraste que los que firmaron se quedaron y los que no los sacaron. Y claro era todo un arreglo que tenían”, manifestó Montovani.
Analizando la situación, Darío reconoció que en ese entonces le dolió mucho haber quedado afuera del club. “Lloré toda la noche. Era un gurí, pero por suerte tuve amigos de fierro que me apoyaron”. Sin embargo eso no impidió que siga en busca de su sueño de jugar profesionalmente al fútbol.
“Tenía en mente que en algún momento tenía que llegar otra oportunidad. Hasta que me llegó una posibilidad, de un paraguayo que me vió en inferiores cuando se enteró que estaba libre. Un día me fue a hablar, me comentó que ya me había visto y me dijo que quería llevarme a mí y a otros chicos a Cerro Porteño con contrato y todo”.
“A todo eso le dije la verdad que no sé, recién te veo, no te conozco y no recuerdo haberte visto en la cancha. Esa misma noche mi viejo me llama y me dice que me buscaba el Beto Baigorria para Ferro de Concordia. Él me dijo que necesitaba un central, que iban a jugar el Argentino entonces me intentó convencer. Al otro día estaba pensando si me iba a Paraguay o a Concordia, la hablé con unos compañeros y me tiré por venir a jugar en la provincia”, señaló.
Luego de Ferro, Darío Mantovani vistió las camisetas de Sportivo Bombal(Rosario), jugó en Liga Cañadense, Don Bosco y equipos de Paraná Campaña. “Fue un lindo recorrido. Hice muchos amigos.
SU CARACTERÍSTICA
Darío supo rondar por distintos puestos dentro del campo de juego. Como defensor central y como delantero. Durante su carrera fue apodado “Yegua” por la pegada que tenía y le permitía hacer goles de todos los ángulos.
“Lato Muñoz, que me conocía, en un torneo me puso de 11 donde habré hecho 15 o 20 goles. Le pegaba de donde sea y era gol. Después le dije que no me sentía cómodo porque tenía que correr mucho y yo era más tiempista, de salir jugando. Así que volví como central y me quedé fijo”, manifestó.
Compartir con futbolistas que luego dieron el salto y triunfaron en el profesionalismo le hizo comprender que todo se logra con trabajo. “Uno se va perfeccionando de a poco y eso demuestra quién está para más y quien no. Pasa que en ese nivel, de inferiores de Central, es difícil porque eran todos buenos y no era fácil darse cuenta quien llegaba y quien no. Era muy parejo pero siempre llega el que tiene constancia y también hay una cuota de suerte”, remarcó Montovani.
LOS PILARES DE MONTOVANI
“Mis hijos son mi motor. Perdí a mi señora y hoy sin ellos no puedo estar. Fue un golpe fuerte pero ellos me dejaron en pie, no se que hubiese sido de mi. Gracias a Dios la madre les dejó una gran enseñanza y no me puedo quejar”, resaltó el exfutbolista.
El fútbol, además de la parte deportiva, brinda herramientas para sobreponerse en los momentos duros de la vida. “Muchas veces lo pasas solo alejado de la familia y eso te va formando, te hace llevar el trajín del día a día. Además el grupo de amigos también me hicieron salir a flote en el momento más duro de mi vida. Fueron momentos donde estaba muy abajo y me ayudaron”, señaló.
Y reflexionó: “Pude disfrutar al máximo el fútbol, lo único que no se dio es ser profesional. Pero al formar mi familia fue suficiente”.