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La historia de Carlitos Ávila, el que siempre la luchó

Carlitos se formó en Bajada Grande. Inferiores y 1ra. en Atlético Paraná, su segundo hogar. El sueño de dedicarse al fútbol se truncó varias veces. El retiro joven. Una vida junto a la pelota para siempre ayudar a su familia.

Nacido en Bajada Grande, el paranaense comenzó a jugar al fútbol en el viejo club Bajada Grande donde debutó con 13 años en la segunda categoría del fútbol liguista. Luego se fue a hacer inferiores en Atlético Paraná, institución que fue su segunda casa.

Fueron 10 años donde además de Liga Paranaense supo defender la camiseta del Decano en el Argentino B. “Siempre soñé con ser futbolista profesional. Tuve la posibilidad, pero lamentablemente no se dio”, reconoció Ávila.

Carlitos se la rebuscó mucho en toda su vida para salir adelante. Fue seguridad, cadete, albañil, taxista y actualmente trabaja en el predio deportivo de Sebastián Bértoli, compañero de equipo y amigo de la vida. “Hice miles de cosas. El laburo de seguridad es complicado porque todos los problemas y las cosas sobre caen siempre sobre el guardia. Si pasó algo en algún horario y vos no estás, estás en el baño o lo que sea, tenías que saber qué es lo que pasó porque sos el responsable del lugar. Es difícil para alguien que es responsable”.

UN SUEÑO TRUNCADO

“A los 18 años, un año después de debutar en la primera de Paraná donde estaba bien y tenía un buen nivel jugando de central, el papá de Bruno Marioni me buscó en mi casa para ir a Rosario. Me dijo te quiero llevar para que triunfes y vivas de esto”, contó.

“Para un pibe de barrio, que pasó necesidades en toda su vida. Éramos mi vieja sola con mis dos hermanos, ella laburaba todo el día para mantenernos. Como se podía por ahí se conseguían algunas changas para ayudar a la vieja, pero si fue complicado. Y eso podía ser un chance y ni lo pensé. En ese mismo momento armé las valijas y me fui”, relató.

Sin embargo, la búsqueda de ese sueño no empezó de la mejor manera. “A la vez fue una experiencia mala porque salimos a las 9 de la noche y tuvimos un accidente llegando a Barranca donde el 147 donde viajábamos se metió debajo de un camión”.

“Íbamos Julio Gimenez (padre de Bruno), una sobrina (Cintia) y yo. Cintia iba dormida atrás y nosotros adelante. Íbamos hablando hasta que en un momento Julio se durmió al volante y cuando me doy cuenta ya estábamos prácticamente abajo del acoplado. Lo primero que atine fue meterle el volantazo al auto como pude, pero ya agarramos la parte abajo del camión, nos tiró para el otro lado de la ruta y después de ahí no me acuerdo nada”.

Y continuó relatando el exfutbolista: “Me desperté en el hospital todo ensangrentado. Mi vieja nunca supo nada de eso gracias a Dios. Me dijeron que yo saqué a Cintia del auto pero no me acuerdo. A la semana me llevaron a ver el auto cómo estaba y prácticamente volví a nacer”.

Tras estar internado por unos días, Carlitos recibió el alta y continuó a Rosario para alojarse en la pensión. “Había muchos chicos de Paraná y empecé a entrenar en distintos clubes. Central Córdoba, Newell’s y así un año alternando entre ambos. Un día llegó Julio diciendo que apronte las valijas para ir a Paraguay y yo al otro día pensaba firmar con Central Córdoba. Me dijo que no firme, me volví a Paraná esperando el llamado y nunca más supe nada. Fue una mala experiencia”, reconoció.

Y aseguró: “Me rompieron la ilusión. Tuve que volver a empezar sin ganas”. La situación hizo que dejara el fútbol por un tiempo, empezó a trabajar en distintos rubros.

UN NUEVO COMIENZO

“Unos meses después volví al club (Atlético Paraná), hablé con los dirigentes , con la Pulga Ríos que era el entrenador y me dijo que podía ir a entrenar. Volví y ya me quedé en el club”, contó Carlitos.

“Mi idea siempre fue tener un ingreso para ayudar a mi vieja. Hablé con los dirigentes y me tiraron unos mangos. En el 2002 empecé a trabajar en un supermercado y estando ahí me crucé con Lucho Calvo y me dice que la dirigencia de Germinal de Rawson estaba buscando un central de marca, aguerrido. Hablamos y me dice quieren armar un buen proyecto, con buenos jugadores y ahí fuimos con Sebastián Bértoli, Toni Fontana, Mariano Sabadia, Alexis Zárate, después cayeron otro pero yo ya me había vuelto”, recordó.

“Un mes antes de irme, me habían robado la bicicleta con la que iba a entrenar desde Bajada Grande hasta el club Paraná. Físicamente estaba increíble por eso. Me habían robado eso y el bolso con documentación y le dije a Lucho no tengo documento, no puedo ir a lo que me dice que no me hagas problema, allá te solucionan todo”, contó.

“Hablé con mi vieja y ella no quería saber nada. En ese momento conocí a mi señora y le planteé la situación que también la incluía a ella. Y me dice si no te conozco, pero le dije la única forma que yo me vaya a jugar al fútbol es que vos seas mi novia. Me quedó mirando como diciendo este pibe está loco. Aceptó, nos fuimos y todavía estamos juntos”, recordó la anécdota de hace 23 años. Sin embargo no pudo continuar el sueño de jugar al fútbol y retomar su sueño por falta de documentación.

Con la camiseta del Gato ganó 8 títulos, fue parte del equipo que estuvo 56 partidos invicto. “Lo mas lindo que me dio el fútbol fue las amistades y ser conocido. Hoy en día mucha gente me conoce por el fútbol y es lo más lindo”, señaló.

UN GOLPE FAMILIAR

Hace un par de años, la familia de Ávila atravesó un duro momento tras el incendio de la vivienda familiar. “Estaba trabajando en el taxi y me llamaron porque se estaba incendiando la casa de mi vieja”, recordó de ese entonces.

En la casa estaba su madre, sus hermanos y sobrinos. “Fue difícil, nosotros siempre pensamos en ella porque la remó mucho toda la vida, sufrió mucho y ya a cierta edad solo me importaba que ella esté bien y tranquila. Cuando pasó todo eso mi idea era llevarla a vivir conmigo, no quiso porque sus hermanas y parientes estaban en la zona”.

“La tuve viviendo conmigo un tiempo mientras reconstruimos la casa, que gracias a Dios la pudimos hacer con ayuda de mucha gente. A través del fútbol me ayudaron mucho, Bértoli me ayudó mucho en ese sentido, hubo un partido a beneficio que organizó Cacho Miloco con Pepi Día y Tincho Benítez”, manifestó.

“Mi ídolo en la vida siempre fue mi vieja, la admiraba mucho. Una mujer incansable. Éramos 3 hermanos que nos crío muy bien. Lo que trato de inculcarles a mis hijos es lo que nos dio mi vieja, respeto, educación, los cuidados. Siempre digo que el día que no esté a su madre la cuidan y la respetan”, aseguró Carlos.

EL FÚTBOL

“Nadie me enseñó, tengo barrio. Con 7 años jugaba en el barrio con mis hermanos y chicos más grandes. De ahí me salía lo criollo. Después nunca me imaginé jugar en Paraná porque para un pibe de barrio llegar cuesta mucho”, reconoció el exdefensor.

Y como futbolista a seguir siempre se fijó en Fabián “Ratón” Ayala. No lo vi jugar acá pero lo seguí en Ferro, en River. Era mi modelo a seguir”, contó el exfutbolista que dejó de jugar con tan solo 26 años de edad.

“Dejé cuando llegó el Chueco Ayala llegó al club, no compartí algunas cosas que dijo. Ahí dije no juego más. Fueron cosas que me dolieron, me molestaron porque nunca me lo plantearon. Él llega a Paraná después de una final para quedar en el Argentino B, y cuando llegó me dijo que tenía que pelear el puesto. Cosa que nunca me lo dijeron así porque siempre todos luchamos por el lugar. Los dirigentes me querían retener pero no volví nunca más a jugar, ni en fútbol amateur”, recordó.

LA FAMILIA

Su esposa y sus hijos “son todo para mi”, señaló Carlitos. “Vivo para ellos, desde que perdí a mi vieja solo los tengo a ellos y no me importa nada más”.

Sus hijos también son y fueron futbolistas. “Los iba a mirar pero dejé de ir porque es difícil, escuchas cada cosa de gente que no sabe cómo es la pelota, que opina, se queja y de todo. Entonces dije no, mejor me quedo en casa”

El mayor de sus hijos ya está en etapa universitaria, estudiando el profesorado de educación física, mientras que el que sigue jugando a la pelota es el menor y lo hace como número 10 en el club Oro Verde. “Cuando estaba en Bajada jugaba de 10, pero en Paraná, Carlitos Del Castillo me bajó de defensor, cosa que nunca entendí”.

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