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La historia de los hermanos Miró

Luis y Gustavo comenzaron desde chicos en distintas disciplinas, se destacaron en el fútbol pero el deporte de la pelota naranja los marcó. Se formaron en Universitario, cuna de grandes basquetbolistas, y llevaron su juego al básquet local.

Luis se inició deportivamente en el fútbol y según él un buen futbolista (central o marcador lateral derecho) que hasta pudo jugar en Unión de Santa Fe. “Jugué hasta la cuarta división en Universitario con una camada notable de futbolistas con los que salimos campeones en séptima, sexta, quinta, subcampeones de cuarta porque justo ese día, la primera de Universitario jugó la famosa final de 1982 y había varios jugadores de la cuarta. Eso demostró el gran nivel que había en ese entonces en la U”.

Por esas cosas del destino una tarde, a falta de jugadores en el equipo de básquet de la U, lo invitaron a jugar y desde ahí no dejó nunca más la pelota naranja. “Un tal Enzo Benedetich me invitó. Me dijo que necesitaban uno que corra, que salte y tenga alguna especie de conocimiento de atletismo, que yo también hacía. Ahí me incluyeron con otro nombre, que nunca supe cuál fue”, contó Luisito.

Y recordó la anécdota de ese momento. “El partido era contra Talleres y yo fui a la sede de Toribio Ortiz, no había nadie y me tuve que ir corriendo hasta Irigoyen. Ese fue mi primer partido de básquet sin antes haber jugado”.

En tanto que Gustavo tuvo un trayecto similar al de su hermano mayor. “Me gustaba mucho el fútbol. Mi primer club fue San Francisco de Borja, donde salieron varios jugadores como Quica Ponti, Peco Restano o Dario Mantovani. Era sin botines, jugaba en 3 categorías el mismo día, entonces los que iban saliendo nos prestaban los botines. Calzaba 38 y me daban un botín 43”, recordó el exfutbolista número 8 “lírico, con ida y vuelta y goleador”. El legado futbolístico se lo transmitió a su hijo, Alejo Miró, actual jugador de la primera división de Patronato. “En algún momento le dije no creo que llegues a hacer lo que yo hacía. Con las credenciales me gana, pero no se”.

Luego llegó el momento basquetbolístico, algo similar como sucedió con su hermano. “Era de ir a la U desde la siesta hasta las 11 de la noche. Si había partido de pelota manito o lo que sea nos prendíamos, éramos polifacéticos”.

“En Universitario había un torneo internacional y a la U le faltaban jugadores. Preguntaron quiénes querían jugar y aparentemente los deditos me señalaban porque me conocían. Ya había dejado el mundo del fútbol antes de la U. Fue un partido contra Newell’s, metí 3 goles y en elos últimos minutos me pegaron un patadón. Me atendieron los medicos de Newells y ahí, sin saber, me sacaron datos y a la tarde del otro día fueron a golpear la puerta a mi casa”, contó.

“Pero con una mala suerte de mi parte porque no andaba muy bien en la escuela. Atendió mi vieja y por esa situación de la escuela ni prestó atención, además ya estaba sentenciado. En San Francisco de Borja sabían que no podía jugar y le preguntaban a mi vieja si me dejaban ir”.

Tras eso, y motivado por su hermano “que más o menos me ordenó” empezó a entrenar en básquet. “Ahí el deporte me atrapó”, comentó Gustavo.

Luis era uno de esos jugadores que dentro de la cancha era respetado por su juego, pero fuera era uno más. “Era un proceso de transformación mental, físico donde me veía más grande, más fuerte, más malo. Fue todo parte de un proceso que desde chico no tuve muchas posibilidades y me dejaran afuera. Era una especie de mostrarme como el más malo o guapo”, sostuvo

“Ese aprendizaje hoy lo aplico en el entrenamiento de los más chicos. Vivirlo me hace observar esas situaciones en los jugadores de ahora”, remarcó Luis.

Gustavo disputó Liga B y vivió la etapa grande de Hindú, con pasos en otros equipos de la provincia. “En La Unión de Colón fui profesional, viví del básquet. Después fue una etapa dura en el país y ahí 88-89). La Unión era una topadora mental, yo le digo a mucha gente a muchos jugadores que me dicen no tenemos altura, este chico es bajo para jugar al básquet, mentira está todo en la cabeza. Vos podés tener un equipo alto y laxo, pero parte todo de la cabeza. Hay madres que llevan a su hijo y me dicen que es medio bajo pero les cuento que el base de la selección Argentina (Campazzo) mide 1.79 y tiene dos corazones, para ser elegante y llegó a jugar en la NBA. Parte todo por la mentalidad, la pierna y la habilidad vos la adquirís”, destacó.

“Después estuve en Quique donde no había muchas posibilidades económicas, si los clubes te podían conseguir algún trabajo. En el 90 fui a Hindú donde volví a ser profesional, por una enfermedad no puede compartir equipo con Gustavo en la época que estábamos en un buen nivel ambos”.

Luis siempre tuvo la intención de vivir del básquet, lo pudo ser por un par de temporadas, pero un problema hepático le truncó el camino. “Tuve una obstrucción biliar. De 92 kilos, bajé a 70 y estaba muerto en vida. Así que tuve que iniciar un proceso físico de recuperación muy complicado, que me demandó un año”, recordó. Posteriormente continuó la carrera en el básquet de Diamantino donde pudo compartir equipo con su hermano Juan. Paralelamente, y gracias al título de maestro mayor de obra, incursionó en la educación y aún continúa ejerciendo.

Por su parte, Gustavo desarrolló su carrera en la U, Hindú, Ciclista y Diamantino. "Me gustaban los deportes, me defendía y el básquet me atrapó en mi infancia. Algo parecido le pasó a Tomi, mi hijo menor, que juega bien al fútbol pero el ambient del básquet lo atrapó. Me inserté en básquet y cada vez me gustaba más. Era vago porque me decían tenés buen salto, sos rápido, buen manejo andá al gimnasio y yo jamás pensé en ir"

"Me pusieron en todas las posiciones, pero mejor me desenvolvía como ala pivot", coemntó Gustavo. Uno de sus mejores momentos, donde más le dedicó a los entrenamientos, fue en Hindú "porque volaba, en el sentido físico". "Entré como juvenil después que Luis enfermó. Jugué con Raymond Buchanan que un día se presentó, no lo conocíamos y cuando metío 42 puntos era Sanson para nosotros", sostuvo Gus.

"Ese primer partido jugó con los dolares en la media. En la secretaría del club arreglaron la sitaución y se puso la plata n la media. Hizo 12 punto en el primer tiempo y 22 en el segundo", recordó Luis sobre el norteamericano.

Un par de infortunios en la familia hicieron que Gustavo deje la actividad por un tiempo. "Justo coincidió la enfermedad de Luis y un accidente de mi viejo. No tenia la cabeza necesaria. Dejé la facultad porque no me daba la cabeza, me golpeó mucho. Fue un momento complicado porque con 18-19 años tenía que salir a laburar. Ahí arrancó toda una historia".

Su padre sufrió una grave caída en el hueco de un ascensor en el Hospital San Martín de Paraná. "Mis hermanas estaban estudiando en Rosario, no la dejaron volverse y yo con mi vieja tuvimos que salir a trabajar. Luis no se podía enterar nada, eso que estaba en el piso 3 y mi viejo en terapia intensiva grave. Entonces subía y bajaba con mi vieja", recordó Gustavo.

“Ella es una guerrera terrible. Persona que entra a mi tómbola destaca la vida de mi madre, las que tuvo que soportar. Docente rural y de ahí que nos marcó con su enseñanza de vida y nos sacó derechitos, como ella dice, a los 4 hermanos”, dijo.

“En ese momento me aferraba a la fe. Si tenía una virgencita me la guardaba, era como todos. Iba a entrenar a Hindú y ahí me di cuenta que si entrenaba, que si lo hacía desde antes con toda la formación que tuve quizás mi desarrollo hubiese sido distinto", comentó Gustavo.

UNIVERSITARIO CUNA DE REFERENTES EN EL BÁSQUET PROVINCIAL

Pese a no destacarse mucho en los primeros planos deportivos, Universitario tuvo la particularidad de aportar muchos jugadores formados en el club al básquet provincial.

“Cada vez que entro a un club, me pasa en varios, veo fotos de los equipos donde siempre hay varios jugadores de Universitario. Muchos que nutrieron muchos equipos de Paraná y muchas selecciones que representaron a la provincia en los Campeonatos argentinos”, señaló Luis Miró.

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