Es un referente del Club Talleres con el que conquistó el primer título de primera en Liga Paranaense en 1998. Una carrera que lo llevó a vestir la camiseta de Echagüe y a jugar en distintas categorías del básquet nacional. Fue uno de los creadores del recordado Equipo de la Ciudad.
La historia con el deporte, y más precisamente con el básquet, comenzó en Talleres. “Como no había premini tenía que jugar con chicos más grandes, de la edad de mi hermano que es 4 años mayor. Mi padre me dijo si quería ir a probar a Echagüe con todo ese dolor que significaba para la familia. Mi abuelo, que fue presidente de Talleres, ya no estaba en ese momento, pero si hubiese estado no me dejaba”, recordó sobre sus comienzos.
Guillo es de la camada de Leo Ruiz Moreno con quien conformó un equipo donde se turnaban para jugar en cada cuarto. “Al año siguiente no se aguantaron más los López y sus compañeros, y buscaron chicos del barrio. Ahí se formó la Mini (en Talleres) con Gustavo Pita como entrenador”, contó.
En Talleres llegó a jugar en primera y fue uno de los goleadores del torneo con Leopoldo Ruiz Moreno. “Había muy buenos jugadores como los Benedetich, otros jugadores de muy buen nivel”, recordó
Con el correr del tiempo, las sobresalientes actuaciones, llevaron a Guillermo a jugar al más alto nivel basquetbolístico del país. “De Talleres fui a Peñarol de Mar del Plata. Pancho Calderón era el que andaba atrás siempre y su muy amigo Volcan Sánchez me quería ver entrenar en un campus que él hacía allá para reclutar gente”, contó de aquella experiencia con tan solo 17 años.
“Mi ídolo basquetbolístico era Miguel Cortijo y él estaba jugando ahí en Peñarol. En ese tiempo jugaba los 40 minutos, era muy raro que lo saquen. Es como si hoy jugara Campazzo en el básquet argentino. En ese tiempo era muy difícil irse a jugar afuera”, recordó.
Jugar en la élite nacional y ser suplente de su ídolo, fue una experiencia inolvidable. “Viste cuando no te das cuenta dónde estás, así me pasó en ese momento. Miguel era un grande, me llevaba todos los miércoles a su casa, veíamos básquet universitario que recién se empezaba a pasar por el ESPN Y me enseñaba a grabar ciertas situaciones de ofensiva y defensiva. Y te enseñaba, era un crack”.
Tras el paso por Peñarol, volvió a Paraná para jugar en el Atlético Echagüe Club. “Otra gran persona con la que soñé jugar, no, soñé ser conocido aunque sea, y terminé jugando, y hoy soy muy amigo, que fue Charles Parker. Y jugar con mi hermano Leo Ruiz Moreno, también”, sostuvo Guille.
ECHAGÜE EN LIGA NACIONAL
“Jugando en Echagüe sentí que tenía un peso mayor porque era de Paraná. Porque quería jugar, en ese tiempo sentía que podía jugar y lo quería hacer más tiempo. Es como que todos los días rendía un examen porque además estabas adelante de tu familia, de tus amigos”, sostuvo Guillo. Esa temporada el Negro “ascendió por descarte después de quedar en la puerta del ascenso ante Banco de Córdoba”, contó.
Allí compartió equipo con jugadores que luego tuvieron su recorrido por el básquet nacional, pero además supo compartir equipo con una de las figuras excluyentes de la época: el estadounidense Charles Parker.
Sobre la figura del estadounidense que dejó un recuerdo imborrable en la gente del básquet y el deporte paranaense, Guillermo aseguró: “Es nuestro papá, hasta nuestro hermano porque es una persona muy abierta”.
Y recordó una anécdota casi desconocida por el ambiente, porque “casi juega con nosotros en el Equipo de la Ciudad en Talleres. Pasó que no le dieron la nacionalidad argentina porque querían que deje la nacionalidad americana”.
Luego llegó el momento de emigrar a Luz y Fuerza de Posadas durante una temporada y a la siguiente viajó a La Pampa para jugar con Pico Football Club. “De Pico me llamaron después de un partido que jugué con Luz y Fuerza. Ascendimos a la A pero en los playoff me rompí los ligamentos cruzados”.
“En Pico no tuve suerte con el entrenador. El entrenador no me volvió a llamar, me quedé con la rodilla rota en la calle y arreglé con Independiente de Zárate en la B”, sostuvo.
SER JUGADOR PROFESIONAL
Guillermo reconoció que transitar el profesionalismo y las exigencias que ello implica, a su entender por la experiencia adquirida, no es difícil. “Pasa que lo difícil es caer en el lugar donde tenés que estar. El entrenador siempre tiene ojos y cada uno entiende. Yo hoy soy entrenador y trato de entenderlo de esa manera”.
“En Pico Football nos pusimos de acuerdo mucho con el entrenador, pero después no me jugó de frente y quedé afuera del equipo. Me había prometido que me iban a hacer un contrato con opción a más de dos años. Entonces es donde yo me quedé más tranquilo, porque a un jugador la incertidumbre del año siguiente es brava. Al final me dejaron afuera”, señaló.
Asimismo, con su experiencia de preselección Argentina, Guillo manifestó que no quedar seleccionado no implica el fin de una carrera. “A los pibes que entreno les digo que eso no significa nada, que no se tienen que frustrar. Así sea la selección argentina o la de Paraná. No pasa nada, hay que seguir entrenando y seguir apostando al crecimiento propio”.
UNO DE LOS QUE MARCÓ EL BÁSQUET PARANAENSE
“En su momento nadie, o casi nadie, estaba preparado para pensar qué hacemos después. Cuando te vas llegando la edad sí. Lo que pasa es que cuando a mí me pasan estas cosas (lesionarse en La Pampa) yo decido volverme a Paraná y arraigarme”, recordó López. En ese momento se dio su regreso a Talleres, más precisamente a ser uno de los de la idea del Equipo de la Ciudad.
“Sentado en una mesa, con Marcelo Solanas y Santiago Vesco, tomando mate, decimos ‘loco nosotros no podemos no jugar Liga’. Ahí se nos ocurre la idea de hacer el Equipo de la Ciudad”, contó López.
Ese fue el puntapié inicial para empezar a configurar todo. “Hablamos con la CAB (Confederación Argentina de Básquetbol) por nuestra cuenta, a ellos les gustó la idea. Hablamos con la Asociación Paranaense de Básquet que nos daba la posibilidad de usar los jugadores de cada club para el torneo y que después cada uno vuelva a su institución para el torneo local. Empezamos a invitar a los que creíamos que eran los mejores jugadores y se armó un gran equipo”, sostuvo.
EL PRIMER TÍTULO CON TALLERES
Al recordar uno de los hechos más importantes, Guillermo López aseguró con piel de gallina: “Fue una devolución a mi papá, a mis tíos, a mi abuelo que no lo pude conocer, a mi tío Naro que escribió la historia del club, a mis abuelas que no las conocí. Ellos eran todos de Talleres y ser la primera vez que salíamos campeones de la A, que ya habían salido campeones de la mano de Dilenque, y nosotros le dimos la primera estrella también con la mano del Ale”.
“Talleres es mi club. Ahora vivo en Santa FE, al no andar tanto por la zona no me afecta mucho, pero cuando paso es difícil. Nosotros no solamente hemos jugado para la institución, sino que hemos hecho muchas cosas para el club. De cortar una rejilla para inaugurar la pileta, de salir a acompañar a vender azulejos por el barrio, fueron muchas cosas”, sostuvo.
Y contó del reclamo de su padre para que siga ligado al club: “Un día mi padre se enojó y me dijo ustedes ahora tienen que agarrar y ser parte de la directiva del club, pero yo le dije que no me gustaba eso”.
EL ROL DE ENTRENADOR
“Antes que naciera mi hijo dejé de dirigir por 6 años para quedarme con él en mi casa, y es algo que no me arrepiento. Un día Alejandro Dilenque me dice ‘me están llamando de Sionista y quieren que vaya con alguien. Vamos?’. Un día faltaba gente, me preguntó si tenía unas zapatillas en el auto y nos pusimos a jugar. Pero después de eso le dije ‘Ale somos entrenadores, ya no jugamos más, así que a partir de ahora no más’”, contó
En el rol de entrenador, Guille sostuvo que no es de ponerse como ejemplo. “Tengo muy claro lo de ser entrenador y no soy de ponerme como ejemplo porque me parece que queda muy egocéntrico”.
“Tanto como mi hijo o con mis jugadores, siempre les digo que no dejen de estudiar, que no dejen de capacitarse. Hoy tienen todas las facilidades. Cuando jugaba Mar del Plata eran viajes de 1000 kilómetros, en Posadas también y sin la posibilidad de nada. No es una excusa, porque si uno lo quiere hacer está a tiempo todavía, pero siempre pregono que se preparen, No alcanza solo con el deporte y uno tiene que estar preparado, con la cabeza abierta para que le lleguen posibilidades de todo tipo y no solo deportivas”, valoró.
LOS PILARES
"Mi familia es mi vida. Viste cuando crees que no vas a poder formar una familia con 37 años. Encontré a esta persona maravillosa que hoy es mi esposa que es la que me apuntala, me empuja y tiene ese poder de fuerza. Mi hijo es un sol, muy buen alumno, de hacer todo lo mejor posible, tiene el peso de querer jugar bien. Y yo le digo que disfrute y que vea el deporte como otra cosa y no como una obligación de ser un gran jugador. Y Agustina que es ingeniera civil y decidió tomarse un avión para tener una mejor en Alicante (España) y la extrañamos horrores", reconoció y se emocionó por su familia.
"El tiempo ha pasado muy rápido. No me puedo quejar de nada, tengo una vida maravillosa. Uno aveces piensa ‘hu que bueno hubiese sido esto’. Creo que si uno detiene el tiempo y si no pasó fue porque no tenía que pasar. Las cosas que se me han presentado he tratado de hacerlas posible, aseguró López.
Y valoró el trabajo que hicieron su padre y madre. “Orgulloso de todo lo que me rodea. Mi familia, mis padres que son todo lo más que tuve, que siempre me acompañaron, estuvieron, me enseñaron e hicieron que nunca me faltara nada. Se mataron trabajando para uqe nosotros hoy podamos estar bien".