Nació deportivamente en Universitario, se destacó en Los Toritos de Chiclana y vistió las camisetas de Belgrano y Patronato. No pudo llegar a dedicarse de lleno al fútbol por cuestiones laborales y por ayudar a su familia. Es protagonista de una historia particular: primero fue padre de mellizas y años después fue de trillizos que hoy juegan en Unión de Santa Fe.
Javier Cersofios mantiene la pasión del fútbol jugando en los torneos amateur, pero además encontró otra forma de mantenerse activo en el running. “Disfruto de ambas cosas. El correr me saca de la rutina de la semana. Y los sábados quiero jugar al fútbol, que por ahí voy poco por el compromiso de ir a ver a los chicos que juegan”, contó.
DE LA U
Javier se formó deportivamente desde muy chico en Club Atlético Universitario. “Me acuerdo que me llevó mi viejo con 5 años y al estar lleno de chicos yo no quería saber nada estaba con vergüenza. Ahí me presentó con el encargado de fútbol un tal Cerrudo y ahí empecé a jugar hasta los 10 años”, recordó el exarquero, posición que heredó de su tío.
“Mi viejo siempre quiso que sea arquero por mi tío, por el Gato Musich. Yo no quería, yo siempre quise correr porque cuando uno es chico lo que menos piensa es ser arquero, quería hacer goles”, contó.
Sobre El Gato recuerda la anécdota que relataba su padre de cuando era jugador de San Benito. “Me contaba siempre que fue el único arquero que vio darse vuelta en el aire. Se tiró para un lado y en el aire se dio vuelta”.
Con 10 años Pato Gándola lo llevo a jugar a Toritos para un torneo fuera de la ciudad. “Como ya tenían arquero me pusieron de 9 y yo chocho porque era lo que yo quería. En otro torneo se lesionó el arquero, me mandaron al arco. Me pelotearon todo el partido y desde ahí nunca más me sacaron”.
Pese a no ser un arquero de estatura promedio para la posición, Javier suplementaba eso con rápidez y otras virtudes.
“Son cosas que se aprenden. Yo siempre digo que la parte física del arquero, las piernas, es fundamental. Me acuerdo que cuando estaba en Belgrano, que fue la única vez que entrené tanto que hacía los tres turnos, gimnasio, entrenamiento de arquero y entrenamiento con el equipo, lo que yo creía imposible hacerlo lo lograba con gimnasio y es lo que hoy les digo a los trillis”, sostuvo.
En su paso por Toritos, Cersofios tuvo su debut en primera con 17 años en la segunda división de la Liga Paranaense de Fútbol. “Era durísima la B, todos los partidos nos hacían 4 o 5 goles. Pero pasa que éramos todos pibes”, recordó.
“Toritos fue muchos viajes, muchas anécdotas, risas e inocencia. Viajamos por todos lados. Fuimos a Brasil, a Paraguay, a Chile. Acá en Argentina por todos lados. Todo lo que hice estuvo bueno, lo único que me arrepiento es no tener el tiempo suficiente para entrenarme y dedicarme al fútbol. Tampoco había otro camino”, sostuvo.
PARAR LA PELOTA
Luego de 3 años en la primera de Toritos, Javier tomó la decisión de dejar el fútbol y empezó a trabajar. “Fueron 10 años que me dediqué a trabajar. Entraba a las 2 de la mañana y salía a las 15, no me daba el tiempo de entrenar, ni el cuerpo para tanto”.
Tras el cierre de la empresa que lo empleó, retomó la actividad futbolística en Belgrano. “El Pato Gándola me dijo de ir a Belgrano justo el año que pierden el ascenso con Cultural. Al otro año desarmaron todo y empecé de cero. Ascendimos Moncho que había llevado jugadores de Ministerio, de Puerto Viejo no los conocíamos y ascendimos por goles”.
“Ese ascenso fue una historia también porque le ganamos a la U el anteúltimo partido y yo estaba en el barrio, tenía una verdulería y claro todos iban a cargarme porque la U con un punto salía campeón. Le ganamos 2 a 1, en la otra fecha Torito le gana a la U y nosotros le ganamos a Diamante entonces ascendimos por goles”, recordó el exfutbolista.
El sueño de dedicarse de lleno a ser futbolista estaba lejos tanto por edad y por tema laboral. “Tenía que mantenerme, mi viejo se había quedado sin laburo y lo ayudé”.
Durante un tiempo Javier fue el sostén de su familia, y se puso toda esa carga al hombro. “Hemos pasado muchas muchas cosas y me tocó levantarlos a todos. No sé cómo lo hice pero lo sostuve. Mi viejo se quedó sin laburo y yo laburaba de lo que fuere y nunca faltó nada”.
“A mi viejo le tocaron muchas cosas feas en la vida. La peleé siempre con él, hasta el día de hoy me ayuda está conmigo todo el tiempo y siempre nombra a sus privilegiados, los Trillis. Un fenómeno”, reconoció Javier sobre su padre
También jugó en Patronato por un par de meses, pero la carga horaria laboral lo hicieron salir del Rojinegro. Al tiempo recaló en el fútbol de Paraná Campaña
“El primer año perdimos la semifinal con Cerrito y al otro año, en Atlético María Grande, salimos campeones. Se vive mucho el fútbol en María Grande, la verdad que en los clásicos las canchas siempre están llenas”, contó Cersofios.
EL FÚTBOL
“El fútbol es algo que no me suelta. Es algo que no sé hasta cuándo porque todos los años voy a dejar y lo pateo y lo pateó. Y hay momentos que estás en tu casa y decís por qué no voy. El fútbol es parte de mi vida”, reconoció. Y sobre su rol debajo de los tres palos señaló: “Es difícil y hay que tener mucha cabeza. Cometes muchos errores tontos y se perdió. Pero si tiene sus momentos lindos”.
“Me acuerdo del último año que jugamos en Quinodoz. Perdíamos la final 1 a 0, lo empatamos en el final. En los penales mi equipo erra los 3 primeros y ya casi estábamos eliminados. Atajé 2 y uno lo erraron y lo ganamos. Esas son algunas de las cosas lindas que le pasa a un arquero”.
PADRE DE 5
Javier es padre de dos mujeres y tres varones, una historia curiosa porque Rocío y Sol son mellizas de 21 años y Federico, Ignacio y Tiago son trillizos de 16 años de edad.
“Desde que no están en casa, porque juegan en Unión y viven en Santa Fe con su hermana Rocío que estudia diseño gráfico, en casa hay un vacío terrible. Se los extraña, los veo todos los fines de semana pero es algo que falta en casa porque éramos tanto. Pero es la ley de la vida, tienen que seguir sus pasos”, manifestó
“Cuando estaban acá en patronato yo me hacía el tiempo lo llevaba, lo traía lo esperaba. Venían, me ayudaban a mí en el laburo y la casa era un bullicio constante. Hoy quedó una sola. La casa ordenada, la casa limpia, un poquito menos de desorden. Y cuando llegan los viernes, bueno el sillón lleno de ropa, se extrañan un montón. Pero bueno van atrás de un sueño que no sabemos”, señaló Cersofios.
Los tres hermanos juegan al fútbol desde muy chicos y siempre compartieron equipo: Belgrano, Patronato y Unión. “Hasta ahora no se han separado a lo sumo alguno juega Liga y otro en AFA”.
“Yo no tuve la suerte de hacer inferiores como ellos, pero siempre les digo lo mismo, que lo importante hoy es que están, las oportunidades se las están dando y que tienen que luchar por el sueño. Es una decisión que tomaron ellos de irse y querer jugar al fútbol. Tienen 16 años, el tiempo dirá que va a pasar, o sea, muchos consejos no le puede dar tampoco si bien que nunca bajen los brazos y que siempre luchen porque es difícil te tocan momentos muy difíciles las lesiones, ellos siendo tres por ahí citan a uno y a los otros, y la verdad que los tres son re fuertes de cabeza y se complementan bien. Se ayudan, se aconsejan, se dan fuerza y yo creo que eso los está llevando por el buen camino”, manifestó Javier, que además reconoció que no dejó ser arquero a ninguno de sus hijos
Los hijos “son una bendición de Dios, tanto yo como la madre vivimos para ellos”, reconoció emocionado.
“Cuando nos enteramos que eran trillizos no lo podíamos creer, era una cosa que no entendía. Porque el tema era qué hacíamos. Todo el mundo me pregunta lo mismo cómo hiciste, cómo cómo hacen y bueno, hay que dejar todo en la cancha, lo que nos enseñó el fútbol es que hay que romperse el culo”, señaló.