Echagüe, Estudiantes y Talleres contaron con el talento y la personalidad de la paranaense en torneos locales y nacionales. Comenzó desde niña y aún continúa jugando en torneos libres con compañeras que hizo en el básquet. En su familia fue pionera en el básquet con su hermana y esa pasión se la transmitió a sus hijos y uno de ellos comenzó a dejar su huella como promesa del básquet nacional.
Alejandra comenzó el camino del básquet a los 7 años, unos meses antes de cumplir los 8 años. “Mis abuelos vivían a dos cuadras del club Echagüe y con mis hermanos en veranos íbamos a las piletas del club y justo ese verano empezaron a practicar las chicas de la premini. Saliendo de la pileta me paré a ver y después le dije a mi mamá que quería jugar al básquet”, contó Alejandra que se convirtió en la primera jugadora de básquet de la familia junto con su hermana.
En la época de jugadora de Alejandra era difícil, o más bien complicado, aspirar a jugar profesionalmente en el básquet femenino. “Con 15 o 16 años jugábamos liga femenina pero no dependía de la CABB (Confederación Argentina de Básquet), sino que estaba la Febra, una federación distinta. Por eso si una quería llegar un poco más lejos tenía que ir a jugar a los clubes grandes de Buenos Aires que no era profesional, pero ahí tenías chances de Selección”, contó la exbase del Negro y otros equipos paranaenses.
Sin embargo, la paranaense reconoció que no estuvo en el radar migrar al básquet de Buenos Aires. “Nunca pensé ser profesional. Yo jugaba porque me gustaba, estaba en mi club con mis amigas y disfrutaba de eso. Me gustaba ser competitiva, que lo sigo siendo, mi camada era competitiva. Lo disfrutábamos y laburábamos un montón porque cuando nos tocó jugar en primera se viajaba a Rosario, Buenos Aires, Córdoba, Mendoza y era todo a pulmón”.
“Yo disfrutaba mucho del encuentro, digamos, porque fuimos amigas y seguimos siendo amigas”, contó Alejandra que sigue manteniendo el vínculo y las ganas intactas de jugar básquet, ahora con el “Equipito del AEC” en la liga libre Club 12, que reune jugadores, ex – jugadores y aficionados del básquet paranaense.
“Sigo anotando, pero ahora aprendí a pasarla. Cuando era chica no la pasaba tanto, ahora las hago jugar más a mis compañeras. Y juego de lo que sea, lo hacemos más por el gusto de encontrarnos los domingos que por jugar un básquet estructurado”, sostuvo Deshayes.
Alejandra fue jugadora en una época donde el básquet másculino, más con Echagüe en Liga Nacional, era el que se llevaba todas las miradas, pero sin embargo las representantes femeninas del club siempre tuvieron su lugar para entrenar. “En Echagüe teníamos nuestro espacio, también coincidió que era la época más gloriosa de la Liga. Por ahí la cancha de adentro era como un poco más difícil de conseguir, pero nosotros siempre nos hicimos nuestro espacio, entrenábamos tarde, a la noche, cuando hubiera espacio, pero no nos costó”, manifestó.
EL PASO POR EL BÁSQUET DE LA CIUDAD
“Un año llegó una nueva subcomisión que decidió cambiar al entrenador de primera, que era el Gordo Padilla, y eso provocó el desbande de jugadoras porque no quería que se fuera Padilla. Entonces toda mi camada se fue a jugar a Estudiantes y yo me quedé un año con Cachi Bonell. Jugué todo un año contra ellas hasta que dije que era suficiente y me fui a Estudiantes”, reconoció Alejandra.
En el CAE fue una de las integrantes del primer equipo de primera femenino de la institución. “Cuando fueron mis compañeras no había primera, pero había necesidad de conformarla porque había una camada más chica que venía bien como Laura Rota, Colo Rey entre otras. Entonces se formó la primera, competimos a nivel local, jugamos Liga B y ascendimos a Liga A donde estuvimos un par de temporadas”, recordó.
En Estudiantes, hace 27 años, conoció el amor que luego se concretó en matrimonio. “Nos pusimos de novio con Marcelo y nadie sabía nada. Era una situación crítica porque él era el entrenador, yo la jugadora y capitana del equipo. Y mantuvimos la relación bastante guardada hasta el final de la temporada que decidimos casarnos”, recordó
Y contó el momento en que le anunciaron al plantel sobre la boda. “En el viaje de vuelta del último partido le dimos la invitación a cada jugadora y ahí se enteraron. Los más cercanos sabían o sospechaban y quizás muchos se sorprendieron”. De la relación nacieron Juan, Guillermina, Martiniano y Gregorio.
“Después de mi primer hijo no jugué un año. Después volví por dos ligas y ahí Marcelo se fue del Club. Al tiempo empecé a trabajar y ya dejé de jugar. Cuando Gregorio tenía dos años el Pata Gómez, que era el profe de Juan, me invitó a jugar en Talleres en Liga Femenina”.
“Ahí le dije que hacía muchos años que no jugaba, que tenía que ver porque mis hijos eran chicos. Me fui organizando y arranqué a moverme un poco, ellas entrenaban bien tarde a la noche, así que a mí me quedaba bien porque los chicos ya estaban cada uno durmiendo y me iba a entrenar”, contó.
“Durante ese año (2008) jugué Liga Nacional y torneo local siendo la más grande, el resto de jugadoras estaban terminando el secundario. Les agradecí enormemente, fue un sacrificio grande porque yo viajaba con mi familia en auto a la par del colectivo de las chicas. Lo disfruté y yo me quería medir y quería ver si estaba a la altura todavía y sí pude jugar”, recordó la basquetbolista.
Años después, por pedido de Cachi Bonell volvió a defender los colores de Echagüe para mantener la primera del club en competencia. “Me di el gusto de volver a jugar en primera y con un buen desempeño. El equipo que conformamos superaba doblemente el promedio de edad del resto de los equipo”.
EL FUTURO DEL BÁSQUET NACIONAL
Es la madre de Martiniano Dato, promesa del básquet nacional actualmente jugador de Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia. “Ya me acostumbre a ser la mamá de Marti. Siempre cuento que para mí es como una película. Es como que lo veo de afuera, es mi hijo pero ya es el Marti del resto, el Marti de la Liga, el Marti de sus compañeros y el de las redes porque con esta locura del campeonato de la Liga era Martiniano por todos lados. Es re loco y raro a la vez”, señaló.
“A él le ha tocado tener buenas temporadas con sus equipos y por ahí no ha pasado mucho que lo maltraten en redes. Hablamos mucho de queen las buenas es todo hermoso, pero que también hay que estar preparado para cuando vengan algunas malas. Él trata de aislarse un poco de las redes cuando está toda la espuma y el barullo porque no es tan fácil de manejar”, contó Deshayes.
“Mis hijos son mi vida. Son lo más lindo e importante que tengo, vivo por ellos y para ellos. Ahora que son más grandes disfrutamos todo", señaló.
EL BÁSQUET, SU VIDA
“El básquet ha sido y sigue siendo el centro de mi vida. No me imagino mi vida sin el básquet, jugando o estando cerca”, señaló Alejandra.
Y reconoció: “El básquet me atraviesa, a mis hijos varones también que han jugado. Cuando yo no jugaba siempre estuve en la cancha porque sino jugaba uno estaba el otro. Siempre estuvimos ligados al deporte y es el eje de mi vida”.
"Tuve una infancia linda compartida con mis hermanos. La pelota en el patio siempre estuvo presente, La pelota en mi mano es parte de mi vida. Con mi hermana jugando al básquet, con mi hermano al fútbol, a la paleta o lo que venga. He hecho lo que me ha gustado hacer, sin dudas el camino fue bueno", señaló.
Asimismo, el deporte también le ha dejado grandes amistades, tanto con las que compartió equipo como así también con otras exjugadoras con las que en algún momento fueron sus rivales. "En esta etapa de maxibásquet y ahora en liga libre nos hemos encontrado de grande con distintas jugadoras que en su momento fuimos rivales. Nos permitió conocernos, saber que coincidimos mucho y que formamos un grupo de amigas verdaderas. Llega el domingo, y por más que sea en horario de almuerzo familiar o reunión, no se negocia porque nos gusta encontrarnos".
Una de sus mentoras y referente que la formó en el básquet fue una de sus primeras entrenadoras, Viviana Florentino. "Es una institución. A todas nos transmitió esa pasión, el amor por el básquet, por ponerse la camiseta y entrar a la cancha. Ella nos dirigía con su carácter y nos hizo entender el fuego interior", señaló.