Héctor Haile, nació en La Plata y desde su juventud demostró todo su potencial en el deporte de la pelota naranja que lo llevó a jugar con los mejores a nivel nacional y a compartir equipo con sus ídolos. Tuvo dos etapas en el Atlético Echagüe Club. En Paraná formó su familia y tras el retiro decidió radicarse en la capital entrerriana. Uno de los mejores base del básquet argentino en los años 80 y 90.
El platense comenzó su camino deportivo en el fútbol y al tiempo se inició en el básquet. “Empecé a jugar en un club de barrio de La Plata, Atenas, donde jugábamos el torneo local, el asociativo de la provincia y después el Torneo Argentino”.
“Mi viejo me vio jugar por primera vez a los 15 años. No sabía cómo jugaba porque él era comerciante y siempre que jugaba o entrenaba el estaba con su trabajo. En ese entonces se hablaba de mi y un día los amigos de mi viejo le cerraron el negocio y lo mandaron a que me vaya a ver. Ahí se dió cuenta que el nene jugaba algo bien al básquet”, contó el exbase que pasó por distintos equipos argentinos.
"La época de mis comienzos fue muy linda. La vida pasó muy rápido, el camino fue bueno y se disfrutó. Hubo errores cómo los comete cualquiera, pero siempre por el camino correcto. La vida por ahí te presenta situaciones donde tenés que tomar decisiones y esas decisiones si son correctas o no te lo da el tiempo. Por ahí son cosas importantes o insignificantes. En lo profesional si hubiese entrenado como se hace hoy hubiese llegado a jugar en otro lado", aseguró.
Durante su adolescencia comenzó a demostrar el potencial que tenía como jugador y empezaron a surgir las primeras oportunidades en el básquet nacional. “A los 15 años fuimos a jugar a Catamarca, un U15 actual, representando a la provincia de Buenos Aires, me fue bien y tuve la suerte de que León Najnudel estaba dirigiendo Capital Federal, que junto con el médico de esa delegación Néstor Lentini, me recomendaron para la selección argentina juvenil”, sostuvo.
“Lentini habló con el técnico, que en ese momento era el técnico de la selección juvenil, Alberto Trama, y me llevaron a una concentración de selección juvenil a modo de prueba un fin de semana con 16 años. Y ahí se empezaron a abrir los ojos y el primer club que vino a buscarme fue Olimpo de Bahía Blanca, pero mis padres no querían y me prometieron que al otro año me iban a dejar ir. Al año siguiente apareció River y cambiaron las cosas”, contó.
En la previa de la creación de la Liga Nacional, Haile disputó la Liga Metropolitana, el torneo de Capital Federal que tenía entre los distintos clubes a los 20 mejores jugadores a nivel nacional.
“Cuando vos ibas a jugar un torneo argentino a una provincia los técnicos miraban este chico de corriente este chico de salta y se lo llevaban entonces se metía todo ahí en capital. Yo estuve en la última etapa del torneo metropolitano que tuvimos la suerte de salir campeón con River del torneo Metropolitana, campeón del Torneo Argentino de Clubes (actual Liga Nacional) que nos dio la posibilidad de jugar Sudamericano y Panamericano de clubes”, contó.
Al respecto de lo que le dejó el deporte, el Chueco reconoció: “Uno no toma dimensión cuando está en la vorágine de su actividad y no se da cuenta de lo que está haciendo hasta que deja de jugar y se empieza a meter en la sociedad. Yo siempre digo que por ahí el deportista de elite o el deportista de alta competencia muchas veces vive en una burbuja que está muy alejado de un montón de cosas que pasan a diario. Y cuando termina su actividad y se empieza a meter en la sociedad, a convivir, a hacer la vida normal que hace cualquiera, empieza a recibir la retribución de lo que hizo”.
“Ahí empezás a tomar dimensión de lo que hiciste y a lo mejor del momento que hiciste pasarle a esa persona que te saluda, te reconoce”, sostuvo Haile
JUGADOR DE RIVER PLATE
“Fue una responsabilidad enorme jugar en River Plate. Cuando llegué al club agarraba Santilli la presidencia y empieza toda una reestructuración general. Es un club enorme, no lo podés creer cuando estas ahí”, señaló el exbasquetbolista.
Y recordó una de las anécdotas de sus comienzos. “Cuando empecé recuerdo que iba con el bolsito preparado, con la ropa limpia que me lavaba mi mamá y cuando llegué con el bolso en River me preguntaron que era lo que tenía. Les dije que era la ropa para entrenar y me dijeron que no tenía que traer nada, que ellos me daban todo. Y en el vestuario fue así, tenía toda la ropa apilada, buzo, camperón, remera roja, remera blanca, todo lo que me quisiera poner. Lo único que tenía que llevar a principio de temporada era las zapatillas que iba a usar. Iba a los entrenamientos con las manos en los bolsillos”.
LA ACTUALIDAD DEL DEPORTE
“Siempre digo que el básquet de antes no fue ni mejor ni peor que el de ahora, es distinto. Hoy se juega muy distinto. Los que crecimos con el otro básquet por ahí cuesta no ver un buen pase, una asistencia o una lectura de juego y los chicos de hoy dicen pero jugaban caminando los de antes”, opinó el exbase.
“El básquet cambió. Hoy la zona pintada no está ni manchada de zapatillas. Antes la publicidad más importante iba dentro de la zona pintada y hoy se juega un básquet donde es todo abierto. Es distinto y me cuesta acostumbrarme porque más allá de eso, nosotros éramos de un basque colectivo. Hoy lo veo más un basque más individual, más de dos contra dos”, aseguró Haile.
Sobre su desempeño como jugador de básquet, el Chueco reconoció que “hubo mucho de talento, el tiempo me hace verlo así porque tuve facilidad para hacer cualquier deporte. Si voy a jugar a algo en 5 minutos le agarro la mano. Tuve la suerte de toparme en mi mejor etapa de chico con entrenadores, formadores de mi club”.
También hubo jugadores que lo marcaron y de los que tomó distintos consejos deportivos, uno de ellos el “Tola” Cadillac. “Eran mis ídolos y cuando los tuve que enfrentar y cuando lo tuve de compañero en selección me mostró que era un tipazo. Miguel Cortijo es otro que era un animal en todos los aspectos”.
“Cuando jugás contra los mejores te le vas y cuando sabes que vas a enfrentarlo ya te preparas de distinta manera. Y cuando vino la Liga Nacional ya te enfrentabas no a ellos dos sino a ocho más porque aparece Milanesio y empiezan a aparecer jugadores que uno no los tenía en la órbita y la primera vez te dejás llevar y la segunda vez vos decís no. Todo eso va elevando tu nivel, tu exigencia, tu entrenamiento, todo”, aseguró.
LOS RECUERDOS DEL BÁSQUET
“Tengo mala memoria, pero igualmente no me gusta vivir del recuerdo. Lo que se hizo se hizo y lo que no se hizo ya está. Entonces me quedo con el balance general”, resaltó.
De los pocos momentos que atesora, recuerda un partido vistiendo la camiseta de Peñarol de Mar del Plaza en el clásico contra Quilmes. “Fue una de esas noches donde salían todas, esos momentos que no tienen explicación. Al clásico lo cerramos con dos tiros libres míos en el último segundo. Ganamos con esos dos tiros libres, al otro día tapa del diario. Después la gente te hace recordar cosas que yo no me acuerdo”
En un partido entre Echagüe y Boca Juniors, Haile fue protagonista de un hecho que reflejó cómo transita un jugador las distintas instancias deportivas que se le presentan. a pocos segundos de terminar el partido, y con el Negro ganando, Haile tomó la pelota como cual arquero de fútbol y boleó la pelota.
“Jugar por el descenso es otra carga. La mochila del descenso no la quiere tener nadie, es mucha presión. Si jugás el descenso es porque el año fue malo, entonces fue toda una carga emotiva de la temporada y cuando volvíamos de Buenos Aires estábamos decidido que todo se terminé en Paraná. Faltando un segundo o dos pasó esta locura Si perdíamos teníamos que volver a jugar en Buenos Aires, pero terminó el partido y me dieron la pelota y yo inconscientemente pateé la pelota”, recordó.
SELECCIÓN ARGENTINA
El basquetbolista tuvo el privilegio de ser Selección Argentina, vistiendo la camiseta con el dorsal número 10. “Es de esas cosas que con el tiempo tomás perspectivas de lo que hiciste. Te da orgullo, placer. Es todo una película que pasa de lo que conseguiste. A veces uno reniega pero al final estuvo bueno”, aseguró emocionado.
“La Selección es lo más. Hasta hoy nos volvemos a encontrar en los torneos de veteranos. Están buenos los torneos internacionales porque mezclas el deporte con turismo, con la familia y te volvés a poner la camiseta de Argentina. Pasa algo mágico, no sé porqué porque te destaca”.
SUS CARACTERÍSTICAS
Haile se caracterizó durante toda su carrera por ser un buen pasador, sin haber relegado sus cualidades como anotador. “En los equipos que integré tenía dos extranjeros que la querían, después tenías dos figuras nacionales que también la querían y uno tenía que dejar a todos contentos. Entonces te empezás a transformar en un pasador.”, comentó.
“En el básquet de mi época el base tenía esa función, en cambio hoy el base no es tan pasador y si es más estratega. Yo lo disfrutaba, y más cuando tenés a dos o tres a tu lado con los que te entendés y todo es más fácil”, aseguró.
PARANAENSE POR ADOPCIÓN
En la capital entrerriana el Chueco formó su familia. Se casó y tuvo 4 hijos.
"Mis hijos son los que se bancaron que el padre tome las valijas y se vaya a otro lado. Que no hay cumpleaños, días festivos, navidades, te toca lo que te toca y cuando te metés con esto es con beneficios y resignaciones. Ellos han pasado distintos eventos solos o en lugares alejados de todos y hoy entienden todo eso que tuvimos que atravesar. Me tocó ser padre joven y aprendí a ser padre, jugador de básquet y pareja todo junto".
“A la madre de mis hijos la conocí cuando vine a jugar a Paraná, nos casamos, dimos vueltas por varios destinos y cuando estuve en Echagüe, en el 92, ella tomó la decisión de quedarse en Paraná mientras hacía mi vida basquetbolistica. Nos separamos y en el momento que dejé la actividad tenía que elegir si me volvía a La Plata, me quedaba en Mar del Plata o venía a Paraná que me encanta”, recordó.
Ya radicado definitivamente en Paraná tras su retiro, conoció a su actual pareja Marí Carmen. “Nos encontramos hace 20 años y creo que en el momento justo de cada uno. Una gran compañera con la que tenemos la misma sintonía, disfrutamos, es la que me acompaña en esta locura de viajar con el básquet”.