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Eduardo Villares, el pentacampeón argentino y su vida luego del básquet

Campeón de Liga de las Américas. Se retiró joven. Dice que los jugadores viven en una burbuja. Tiene una marca de ropas y encuentra la adrenalina corriendo en autos. Dice que los jugadores deben prepararse antes para el retiro.

Luego de una extensa carrera en el básquet nacional y de conseguir cinco títulos argentinos con la selección entrerriana, Eduardo Villares emprendió otros proyectos de vida pero no se olvida del básquet.

Sus comienzos deportivos están ligados al Paraná Rowing Club donde se pasaba todo el día realizando alguna actividad. Con mayor dedicación comenzó con el rugby y de un momento a otro pasó al básquet. Luego recayó en Echagüe donde la falta de juego emigró a Vélez Sarsfield donde consiguió rodaje y empezó su proceso de ascenso.

“En Echagüe no tuve la suerte de ser el dos titular y me fui a una categoría menor para jugar y tener continuidad. Tuve la suerte de subir con Vélez al TNA y ya me vio Carlos Delasoiey me llevó a La Unión de Colón. Ahí empezó mi derrotero. En Central Entrerriano hicimos la mejor campaña donde nos agarró Atenas en semis, pero fue un trampolín grande, para que me viera Julio Lamas y me lleve a Ben Hur”, mencionó Edu.

El escolta considera que el salto de calidad lo dio en La Unión porque “ese año la rompimos toda como equipo e individualmente”. De ahí fue a Conarpesa de Puerto Madryn y en ese año consiguió junto a Entre Ríos el cuarto título Argentino de Mayores. Junto a Claudio Farabello, es el más ganador con la provincia con cinco campeonatos

“El jugador entrerriano lleva muy adentro su provincia. En ese entonces se armó un grupo espectacular de amigos que era como el viaje de estudios nuestro. Nos servía para juntarnos a jugar un Campeonato Argentino, que era muy importante para cada uno y nos servía para seguir en movimiento. Aparte porque nos gustaba jugar para la Selección”, destacó.

En total en su carrera jugó 17 temporadas en Liga Nacional donde también vistió las camisetas de Quilmes, Sionista, Olímpico de La Banda, Quimsa de Santiago del Estero y Regatas de Corrientes. “Todos los años y equipos te dejan enseñanzas buenas y malas, en todos los equipos tuvimos excelentes ligas otras no tantas”, reconoció.

La vida lo fue llevando por otro camino distinto del básquet, pero su corazón sigue dentro del parquet con la pelota naranja. Es un deporte al que siempre le estará agradecido y siempre lo elegiría.

Estando de pretemporada en pleno enero o febrero mis compañeros me mandaban fotos que estaban en Brasil.Pero si me das a elegir otra vez elijo el básquet y también tener esa vida. Te perdés 10 millones de cosas como eventos familiares, fiestas y de todo. No hay nada de eso porque estás concentrado o tenés partido. Así como te da muchas cosas, te quita muchas otras”, señaló Eduardo.

Una carrera que siempre contó con el apoyo de sus padres desde sus inicios en Rowing. Al respecto, Edu destacó que su padre nunca le reprochó nada. “Mi viejo nunca me dio indicaciones de nada. Fue una virtud siempre y nunca le rompió las bolas a un entrenador. Si me decía algo cuando erraba un tiro pero en broma y nada más”, reconoció con emoción

DESPUÉS DEL BÁSQUET

A los 34 años de edad Villares colgó las botas y recordó esos momentos duros por dejar el deporte que tanto ama, pero con la cabeza tranquila y ocupada en otra cosa. “Gracias a dios no tuve lesión seria, físicamente estaba bien. Tuve la posibilidad de salir del básquet y tener la cabeza ocupada, en un trabajo que eso es lo complicado a la hora de dejar un deporte profesional. Por eso ahora en base a mi pequeña experiencia les recomiendo a los más chicos prepararse para tener la cabeza tranquila después de eso”.

“Es difícil no ir a entrenar o hacer la rutina. Yo tenía un trabajo en la empresa de mi exsuegro, manejaba un galpón de distribuidora de ropa y estuve con eso aprendiendo un montón de cosas. Siempre digo que nosotros vivimos en una burbuja, todo deportista vive igual. Muchos chicos se preparan en otras cosas, en un estudio o leyendo”, destacó el empresario.

“Cuando terminas de jugar se acaban todos los beneficios que podés tener siendo deportista, y salís a la realidad. Hay muchas cosas que te lo da la camiseta, hay gente que se marea y gente que no, hay de todo. Yo gracias a dios tuve la cabeza en otra cosa, es más en ese año no fui a la cancha y después me picó el bichito de volver a la cancha a los partidos de Liga. También no tocaba una pelota y ahora volví a jugar un poco para divertirme, no para renegar”, reconoció Eduardo.

EN LA PISTA

El ex escolta devenido en empresario textil también cuenta con otra pasión deportiva. En tiempos de ocio y cuando se lo permite su principal trabajo, Villares le hace al automovilismo. “Es un hobby. Cuando se puede hacer se hace sino, no porque es un deporte caro donde se necesita patear para conseguir sponsor. Es una pasión que tengo desde hace mucho, mis primos anduvieron en eso”.

Radicado en Santiago del Estero, el paranaense reconoce que allí el fanatismo por el automovilismo como hay en Entre Ríos, en Santa Fe o Córdoba no se ve. “Es el básquet, el fútbol y para de contar. Pero siempre y en toda mi carrera basquetbolística estuve ligado, estando en Quilmes fui a Balcarce a ver el TC. Donde había una carrera cerca me iba”

“No me considero un buen piloto. Creo que uno tiene que tener constancia, es algo que se inicia de chico, yo trato de hacer lo que puedo. Lo mio es el básquet, más vale que el automovilismo me apasiona y me gusta, pero no me creo piloto”, señaló.

UNA GRAN AMISTAD

Eduardo aún mantiene las amistades que hizo desde niño y algunos están ligados al deporte. Como el caso de Iván Furios con el que tiene tantas anécdotas como la vez que el exfutbolista llegó a la casa de Villares descalzo y con indumentaria del club Chacarita Juniors.

“Una vez cayó a casa en pata, con un short y una remera de Chacarita y un papel en la mano, le pregunté que hacía así y dice ‘me secuestraron y me robaron el auto’, no le creí y me mostró la denuncia”.

“El tiene 45 años pero mentalmente, físicamente tiene 15 años. Tiene energía positiva y en el vestuario lo quieren todos. Él está siempre pila, le encanta, nunca lo vi mal, no le conozco una enojada nunca”, reconoció Villares que también compartieron etapas deportivas estando en Buenos Aires donde además estaba el otro paranaense Román Princic.

“Yo estaba en Vélez con Román e Iván estaba en Chacarita. Él se iba a casa, dormía en Liniers porque San Martín le quedaba cerca. Le hablaba al Mago Capria, se levantaba a las 7am y el Mago lo pasaba a buscar por la autopista. De los 7 días dormía 5 en casa”, recordó.

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