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Héctor y Juan, gol y talento en el perímetro

Una familia bien basquetbolera. Nacieron deportivamente en el Hindú Club y se destacaron en el básquet paranaense, provincial y jugaron a nivel nacional. El legado en El Chino.

Héctor sigue vinculado con el Maxibasquet, pero hoy lo mantiene activo el hobbie del tenis. “Hice el curso de entrenador, estuve a cargo de inferiores en Atlético Diamantino. Dejé, me propusieron de algunos clubes pero no acepté”

En su caso Juan reconoció que su rol de conductor técnico llegó casi al mismo tiempo que era jugador. “Cuando me fui a Diamantino a jugar, con 18 años, agarré lo que fue el mini básquet y ya venía de Hindú siendo monitor, después se cortó un poquito cuando me fui a jugar afuera y cuando volví a Olimpia seguí con las formativas y eso me fue llevando a estar siempre relacionado al básquet”.

El básquet y los Salamone empieza con el hermano mayor el Colo. “Nosotros (Colo y Héctor) empezamos en escuelita en Hindu por un grupo de amigos del barrio”, contó el Negro Salamone.

“Hindu es un sentimiento muy grande. Fue donde uno se formó y pasó muchas horas del día.. Yo los solía acompañar a mis hermanos mayores y estaba todo el día adentro del club, y algunas veces ellos se iban y dejaban solo en el club”, contó Juan, alias Cantinflas.

“Llegábamos a casa y mi vieja nos preguntaba dónde estaba Juan. Él no se había ni enterado porque estaba tirando al aro. Pasa que íbamos temprano y nos quedábamos hasta la noche tarde. Estando en cadetes entrenábamos también en juvenil y en primera, entonces estábamos todo el día”, recordó Héctor.

Defendiendo los colores de Hindú, Héctor tuvo la suerte de jugar en la segunda categoría a nivel nacional. “Fue un club que hizo mucho esfuerzo, algo cobrábamos”, sostuvo.

JUGAR O ESTUDIAR

El deseo de ser jugador profesional o estar ligado al básquet siempre estuvo presente en el Negro Salamone, sin descuidar la profesión elegida tras la secundaria. “Cuando estaba en Liga B estudiaba el profesorado de Educación Física. Me llegaron propuestas para jugar afuera y las rechacé para seguir estudiando. Siempre había que trabajar porque si bien te daban algo como salario o viático pero no alcanzaba para vivir. Siempre sostuve que era una decisión compleja en muchos aspectos y en ese momento no me animé a tomarla”, comentó.

Asimismo, Héctor reconoció que alentó a su hermano Juan a que elija el camino del deporte. “Después uno se queda con esa espina de no haber elegido eso. De hecho en el equipo de la ciudad no jugué por cuestiones laborales. No se si era excusa o miedo, pero no tomé esas posibilidades”.

En esa época lo que cobraba un basquetbolista a ese nivel era un suma simbólica, sobre todo pro el esfuerzo que significaba para la institución solventar un plantel y todo lo que requiere una competencia provincial y sobre todo nacional. “Recuerdo un viaje para jugar en Liga C nacional en Misiones y nos fuimos en auto”, contó Héctor.

Para esas competencias Hindú contó con jugadores internacionales, sobre todo americanos como Raymond Buchanan. “Fue toda una novedad, hubo toda una camada de extranjeros en Liga C porque Olimpia, Quique tuvieron sus jugadores. Tampoco se conocían mucho, los representantes los traían con un video en VHS. Solían hacer la diferencia en la cancha por la altura, que en ese etonnces era un defícit en los jugadores argentinos”, recordó el Negro.

Por su parte Juan contó que le fue difícil lograr una carrera profesional. “No la tomé muy consciente por el hecho de venir de un club muy chico, muy de barrio donde no sabíamos de qué se trataba todo. Con 15 años lo tenía de entrenador a Alejandro Dilenque y la idea era ir a Santa Paula, que no la tomé porque estaba en la escuela”, recordó.

“Después de Hindú fui a Diamantino y ahí surgió la propuesta de Río Cuarto (Club S.D. Acción Juvenil), después pasé a Unión de Santa Fe que estaba Carlos Delfino, que recién se iniciaba. Era un jugador distinto, muy atlético, por ahí lo veías llegar con la pachorra que tenía y tarde, pero después hacía cosas fuera de lo normal”, comentó.

“Después se fueron dando decisiones de posibilidades que se dieron con muy buenas campañas en Olimpia. Yo creo que ahí estaba bien, cómo, es un club que me hizo sentir lo que era Hindú, era muy familiar, éramos jugadores de distintos clubes y se formó una química importante que llevaron a los logros locales y peleando la Liga Provincial”, sostuvo Juan Salamone.

También supo disputar el TNA con Echagüe. Al respecto mencionó: “Me fui adaptando a la categoría, siempre digo que jugar para arriba haciendo lo que realmente uno sabe hacer y ayudando al equipo, con jugadores que sabes que van a resolver se hace mucho más fácil. Mi caso era jugar de base, tenía que organizar el juego, subir la pelota y con esos jugadores como Heiss o Buero resolvían facil”.

La pasión por la pelota naranja se la heredó a su hijo Valentino “Chino” Salamone. “No es fácil, lo solíamos discutir mucho con él porque es complicado separar el ser entrenador y el ser padre. Desde los 5 años estuvo conmigo en Olimpia, hasta los 13 años que me fui a Recreativo y se fue conmigo. Después tocó acompañarlo y apoyarlo en los momentos difíciles, porque es complicado ser deportista. No siempre las cosas van a salir, son más los partidos que vas a perder o los momentos de frustración, que los buenos entonces ahí trato de estar con él y apoyarlo”, resaltó Cantinflas.

EL MOMENTO DEL BÁSQUET LOCAL

Juan Salamone reconoció que el básquet paranaense está en un buen momento con el surgimiento de una nueva camada de jugadores que tienen potencial y que aspiran a ser protagonistas. “Nuestro caso más cercano es Martiniano Dato que es un chico que ha hecho un camino excelente comenzando desde el local, provincial y pegó el salto a la Liga Nacional”, reconoció.

LOS PILARES DE LA VIDA

"Tenemos la suerte de tener aún a nuestros viejos. A los tres nos enseñaron los valores y son lo mejor que tenemos en la familia", sostuvieron los hermanos.

"Mi señora siempre me acompañó en las decisiones que tomé y que aún tomo, y empujando para adelante. Mis hijos que salieron deportistas y muy dedicados a la formación profesional. Son el sostén diario", valoró Juan sobre su familia.

"Mi mujer es la compañera de vida con la que construimos una hermosa familia incondicional. Siempre están, la familia es así porque no existen palabras para el apoyo y la fuerza que le dan a uno", señaló Héctor.

"Fue un camino lleno de alegría y de aciertos en la parte afectiva. Nosotros somos tres hermanos que seguimos siendo muy unidos desde que nacimos. Toda la familia no pasa un fin de semana sin estar todos juntos", reconocieron Juan y Héctor.

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