
"Kelo" es un apasionado por el deporte y la educación física. Ha dedicado su vida para el crecimiento deportivo de miles de paranaenses que hoy lo recuerdan con aprecio y hasta le rinden honor con Kelo-cura, un equipo de básquet de una liga o nombrando establecimientos deportivos, como la escuela atlética Ángel “Kelo” Ramallo de la Escuela Superior de Oficiales Dr. Salvador Maciá de la Policía de Entre Ríos.
Ángel siempre estuvo ligado a la actividad deportiva. En su infancia comenzó con básquet y fútbol, pero siempre le tiró más la pelota naranja. “Para mi son dos cosas distintas. El básquet lo entrenaba más y me ayudaba mucho a jugar al fútbol. Al fútbol jugué en Talleres pero solo iba a los partidos en la cancha del predio de Toribio Ortiz, solo participé mientras estuve en el primer año del profesorado. Venía los sábados al medio día en lancha y me volvía el domingo a la noche a Santa Fe”, recordó Ramallo que se recibió de profesor de Educación Física en 1966 y desde entonces nunca se alejó de la actividad y la docencia.
Su relación con la actividad física lo vincula fuertemente con Oscar Malvicino, referente y fundador del Centro de Educación Física (CEF 1) de la ciudad de Santa Fe. “Un día me lo cruzo a Lito Millen, un jugador de los mayores que admirábamos mucho, y me pregunta si iba a ir a estudiar a Santa Fe y hasta ese momento no sabía qué iba a hacer. Millen me decía que tenía las condiciones deportivas necesarias. Hablé con mi madre, ella averiguó y me dijo que vaya a hablar con Malvicino, que además era capitán en el ejército en Paraná”.
Por ese entonces, Ángel trabajaba en Casa de Gobierno, lugar donde ingresó con tan solo 15 años. “En casa necesitábamos ingresos económicos para mantener el estudio de mi hermano mayor en Córdoba entonces mi madre me dijo de entrar a trabajar ahí y que la edad no era problema. Entonces como estaba en secundario fui a cursar de noche y a la mañana trabajaba”.
Ingresó al profesorado, estudió y se recibió años más tarde para luego ejercer la profesión que tanto ama. “Me gustó mucho, rendía mucho en cualquier deporte. al softbol lo conocí ahí y los entrenadores pensaban que yo ya lo jugaba pero siempre les decía que jugaba básquet y eso me ayudaba a desenvolverme”.
El básquet y el deporte también siguen en la familia. Así lo demuestran Pedro, Benjamín, (ambos jugadores de Talleres) y Alfonsina, sus nietos que lo tienen como un gran abuelo y un ejemplo a seguir. “Es fuerte que me reconozcan así porque ellos solo han visto fotos y se basan por los comentarios que le hacen de cuando era jugador”, sostuvo.
TALLERES, SU VIDA
El Club Atlético Talleres es su segunda casa. Su vida está ligada completamente a la institución de calle Irigoyen y Feliciano de la capital entrerriana. Fue jugador, entrenador, dirigente y colaborador continuo en el crecimiento del club. “Fui dirigente con un grupo que nos juntamos para cambiar al club, trabajamos por el club y bueno en un momento me eligieron como presidente por dos años”, contó Kelo.
Su aporte al club lo llevó a tener dos mandatos 1988-1989 y 1994-1995. Durante su etapa el club creció en lo deportivo, la masa societaria creció y fue el inaugurador de la pileta. “Donde está la pileta había un campito que fue donde hicieron en su momento una cancha de fútbol y ahí jugábamos”, recordó Ramallo.
Por su trayectoria en la institución ha recibido muchos homenajes uno de ellos en la temporada 2015 del tradicional Torneo Dos Orillas donde bautizaron una de las zonas con su nombre. Durante el partido inaugural Kelo Ramallo recibió una plaqueta y en el estadio Raúl Bibi Gómez del CAT colgaron en lo alto una pancarta con su nombre y una imagen suya.
“Fue muy importante para mi. No me gustaba mostrarlo porque todo fue gracias al grupo de compañeros que tuve que todo lo que hicimos fue en equipo. De alguna forma me daba vergüenza y a veces trato de no mirarla mucho”, sostuvo.
Talleres fue siempre su hogar. Kelo vivía a una cuadra del club y cada vez que era el horario de apertura de las instalaciones él ya estaba ahí. “Antes abrían a las 5 de la tarde, nada que ver a lo que es hoy que abre a la mañana hasta la noche y tiene más vida”.
Tras ser jugador por años, se dedicó a la conducción técnica que lo llevó por distintos clubes de la ciudad como Atlético Paraná, Patronato y Rowing. “El presidente de Rowing me ofreció trabajo y en ese entonces solo tenía pocas horas en el Colegio Nacional. Y entonces yo dije, me estoy quedando en Paraná con mi familia, con mi club, con mis amigos y tengo que conseguir algo porque no quería irme”.
Hasta tuvo la oportunidad de irse a Estudiantes de La Plata. “Un compañero de Santa Fe me ofreció para preparar las inferiores y que cómo andaba bien podría estar preparando a la primera en poco tiempo, pero le dije que no porque estaba con mi familia, mi club y mis amigos. Y no me fui”, recordó.
Cumplió ese rol con mucho profesionalismo, pero su corazón siempre perteneció a Talleres. Tal es así que siendo entrenador y jugador de Rowing no quiso jugar contra su club y al tiempo renunció para volver al rojo.
DOCENCIA
Su vida también estuvo marcada por la docencia, rol que siempre le gustó y marcó a generaciones de paranaenses. “Yo era de los que les mostraba lo que tenían que hacer y cómo debían hacerlo, no era de los que decía hagan esto y los dejaba”. Kelo fue docente en muchas escuelas de la ciudad y “tuve la suerte de ir a la Escuela de Policías”, reconoció.
Tal es el reconocimiento, que jugadores de básquet se agruparon para participar en una liga libre y eligieron un nombre particular en homenaje a Ramallo: Kelo-cura. “Me avisaron que iban a jugar el torneo con ese equipo y me pidieron que vaya. Pude ir a la final y salieron campeones.
Fueron 40 años ligado al básquet como jugador, hasta que pasó a la etapa de dirigente, pero esos años de actividad lo marcaron por ser un jugador rápido. “Mi altura no era la normal en el básquet, pero si era ágil. Y no me preocupaba por marcar, sino que trataba de pasarla a mis compañeros que estuvieran mejor ubicados”.