
A base de esfuerzo y perseverancia, la villaguayense Débora Dionicius conquistó su segundo título mundial y se afianza como referente deportiva a nivel nacional. Abajo del ring, hincha de Patronato, la entrerriana tiene una intensa agenda social ayudando a los más chicos y enseñando boxeo. Además difunde la palabra de Dios que la ayudó a salir en su momento más difícil.
Luego de consagrarse campeona mundial pluma interina de la Organización Mundial de Boxeo, Débora Dionicius disfruta en familia de un merecido descanso en su Villaguay natal. La Gurisa quedó muy satisfecha y conforme con el trabajo realizado al vencer nada menos que a La Tigresa Acuña en el mítico Luna Park en lo que fue su 35ta pelea en el profesionalismo a sus 33 años de edad.
“Cuesta caer de lo que hemos logrado como equipo, porque si bien yo soy la que subo y peleo tengo un equipo técnico de entrenadores, preparador físico y mi familia que me acompaña. Contenta porque hicimos el trabajo que preparamos, lo pudimos planificar bien y aplicarlo para lograr la victoria”, destacó la boxeadora.
Fueron muchas las jornadas de preparación, sin dormir y con la adrenalina que generó este combate ante una de las referentes argentinas. “Los nervios de estar peleando ante Marcela Acuña hacía que igual esté metida en los entrenamientos y la expectativa de la pelea. Trabajamos fuerte para este combate ya que para mi era indispensable la victoria. Ya el hecho de pelear con Acuña era grandioso y disputar un título mundial en el Luna Park. Era lo máximo y el combo perfecto”, reconoció.
La pelea extenuó a la púgil como cada vez que se sube a un ring, pero no solo a ella, su entrenador también sufrió las consecuencias. “Mi entrenador desde abajo me daba explicaciones, pero después de la pelea quedó muy dolorido en su cuerpo por los nervios que pasó en la noche”, contó.
Ahora viene el proceso de recuperación y un merecido descanso del boxeo, aunque su vida seguirá ligada a su trabajo y a las actividades en la iglesia. “Me voy a tomar un tiempo de relax porque ha sido demasiado para mi este año”. Aunque no baja la persiana para un nuevo combate por un título. “Una no se cansa de soñar. Soy doble campeona del mundo pero como dice el dicho, no hay dos sin tres. Quizás el día de mañana tenga otra oportunidad mundial no muy lejana”.
La Gurisa transitó el amateurismo disputando 109 peleas hasta dar el salto al profesionalismo. En 2012 conquistó su primer título, fue ante la neozelandesa Michelle Preston y obtuvo el cinturón de la Federación Internacional de Boxeo (FIB) de peso Supermosca, título que defendió en 13 oportunidades y que actualmente sigue en su poder.
“Uno siempre quiere hacer historia. Antes me preguntaban a quién me quería parecer y yo le respondía que a nadie. Yo quiero retirarme, dejar mi huella y que me recuerden con mi estilo. Y creo que estoy cumpliendo ese sueño de dejar mi nombre marcado en el boxeo argentino y en Entre Ríos”, aseguró la púgil que también anhela que surja su sucesora entrerriana.
“Tenemos a muchas amateur y profesionales, ojalá tengan las mismas posibilidades que yo. Es cuestión de trabajar, ese es el secreto, y no decaer ante adversidades o resultados. Esto es perseverancia”, sostuvo.
A su vez reconoció que son muchas las mujeres que se están iniciando en el boxeo con el correr de los años. "A cada gimnasio que voy siempre hay chicas. En Entre Ríos no va a haber ningún festival amateur sin pelea de mujeres. El boxeo femenino ha crecido mucho en este tiempo"
Aunque es consciente que parte de eso se debe a la violencia de género. "Las chicas necesitan saber defenderse. La mayoría va por defensa personal o de forma recreativa. Y bienvenido sea porque estamos para sumar y poder ayudar".
FE Y ENSEÑANZA
Abajo del ring, la Gurisa tiene una intensa actividad abocada a la iglesia evangélica que llegó hace 4 años y un momento que vivía situaciones inesperadas. Además de pertenecer a esa congregación, Débora es maestra de enseñanza bíblica a niños de 3 a 5 años.
"La iglesia forma parte de mi vida pero no ocupa lugar, el lugar lo ocupa Dios. Y está en primer lugar en mi vida antes que mis viejos, mi esposo", sostuvo Débora.
"Llegué a la iglesia a raíz de un par de situaciones en mi vida personal siendo campeona del mundo, estando en la mejor época de mi carrera. Eran situaciones que realmente no pude encontrar la salida pero un día me acordé que existía Dios. Nos acordamos siempre que nos pasa algo malo, pero mientras tanto no".
"Eso me pasaba cuando estaba bien, en algún inconveniente trataba de resolverlo sola pero en ese momento me di cuenta que sola no iba a poder. Desde ese día el señor empezó a restaurar mis días", manifestó.
Los triunfos y las defensas del título han convertido a Débora en una boxeadora de mentalidad ganadora y con una gran capacidad física. Esto en parte se debe a la dedicación que le ha dado a Dios estos años.
"Uno enfoca todo en una pelea y tuviste algún problemita extra ya te desenfocas porque muchas veces es inevitable. En este tiempo he aprendido a descansar en Dios de todos mis problemas y preocupaciones. Así es como, en mi caso, me puedo enfocar en el entrenamiento y dejar lo otro de lado. Esto es orando y entregando todo a Dios que él se encarga del 50 y yo del otro 50", precisó.
Además destina parte de su tiempo a la enseñanza de box a niños y adolescentes en la Escuela Deportiva Argentina (EDA). "El boxeo infantil es sin contacto hasta los 10 años, después si con contacto en pre y adolescentes. Es un grupo numeroso de chicos de entre 6 y 20 años, destacó Dionicius que además trabaja con aspirantes en la Escuela de Agentes de la Policía de Entre Ríos en Villaguay.
A base de esfuerzo, constancia y perseverancia, la entrerriana se metió en lo alto del boxeo argentino, algo difícil de lograr no siendo de Buenos Aires. "Gracias a dios tuve la oportunidad de integrar la selección argentina amateur. Pude conocer muchos países, tuve muchas peleas y eso me dio la oportunidad para saltar al profesionalismo y ser reconocida", destacó.
"Representar a la Argentina te abre muchas puertas a nivel nacional, todo por medio de la perseverancia. Al principio salían los viajes y si no teníamos como costearlo, nos poníamos a vender empanadas, rifas o cosas así para poder ir. Nunca nos quedamos con que no pudimos o que no se nos dio, siempre intentamos. Algunas veces no se pudo pero en la mayoría si", recordó la campeona Supermosca.
Las primeras peleas eran por el chori y la coca. "Era eso o nos pagaban 20$ o 30$ por rounds. Pero a mi eso mucho no me interesaba, solo quería pelear. Aunque por ahí nos salía más caro el viaje que lo ganado en la pelea", recordó.
"Mi primer sueldo fue en la Selección donde tenía una beca, juntamos plata con mi esposo y nos compramos un terreno y después empezamos a edificar nuestra casa. Siendo campeona del mundo compramos otro terreno, estamos terminando otra casa. Ahora tengo mi auto, mis cositas. El día de mañana puedo decir que me cague a trompada pero tengo mis cosas", remarcó la Gurisa.
Su gran carrera la ha llevado a pelear con grandes referentes mundiales y allí posiciona la última batalla ante la Tigresa Acuña. "Esta es la que me marcó por el hecho de la rival, el título del mundo y en el Luna".
A su vez, remarcó la pelea con Simona Galassi, en Italia, en la defensa del título Supermosca. "Fue una gran pelea para mí, ante una gran boxeadora dos veces campeona del mundo. Hicimos una muy buena pelea donde hubo fallos divididos".
EL FUTURO
En esta etapa de descanso de entrenamientos le servirá para planear y pensar en el futuro boxístico. “Seguramente no me voy a quedar en esta categoría (pluma) porque no es la mía, yo accedí a esta categoría porque era con Acuña y era un sueño”.
“Yo estoy en los 53 kilos, 53 y medio, y saltar a los 57 kilos es muchísimo para mi y donde seguramente las boxeadoras sean más grandes que yo. Total ya cumplimos con lo que queríamos”, reconoció Dionicius.
TATUAJES
Débora ya perdió la cuenta de la cantidad de tatuajes que lleva impreso en distintas partes de su cuerpo. El primero llegó a los 15 años y ante el desconocimiento de sus padres. “En esa época ya boxeaba. Me habían hecho los 15 y sin permiso de mis viejos me hice el tatuaje. Cuando me vio me dijeron varias cosas. Hasta el tercero me retaron, pero después no me decían nada”, contó.
Fotos Débora y TV