Identificado históricamente con el Club Atlético Paraná, pero sus inicios deportivos se dieron en el Club Atlético Talleres. “Cuando Talleres tenía fútbol me inicié ahí y después con varios compañeros, de la mano de Fernando Palacio nos llevó a Paraná que fue donde debuté en primera por eso me relacionan mucho con el club”.
Vistió varias camisetas pero el amor por el club del barrio nunca lo resignó. “Si Talleres tuviera fútbol, sin duda sería hincha del club”.
“Como en todos lados intenté dar todo de mi en Paraná. Fue una época complicada porque debuté con 16 años y la economía de los clubes no era buena. Estuve 4 años en primera, ganamos un torneo, y ya después me fui a otros lados. Además la dirigencia ponía muchas trabas para irme a otro club, era algo general”, recordó el exwing.
En El Decano paranaense integró equipo junto a Fabián Ayala. “Era distinto, igual en ese equipo eran varios los que marcaban la diferencia. Él era el único categoría 73, el más joven del equipo”.
Pasó por diferentes instituciones como Barrio Norte de Gualeguay, Club Atlético Libertador San Martín, Unión de Crespo, club del cual mantiene un gran aprecio. “Unión fue el equipo que se la jugó por los pibes de la Liga, no pedían antecedentes para llevarte. Hicimos buenas campañas durante varios años”.
También tiene grandes recuerdos de su paso por Sportivo Urquiza, donde recuerda uno de sus mejores partidos por haber convertido 4 goles. “Fue en un partido contra Don Bosco, el club de mi viejo. Le gustaba que yo haga goles por eso no se hizo problema en ese partido, él era hincha del club donde yo jugaba”.
En Sportivo compartió equipo con Ramón Centurión, delantero santafesino y campeón de la Copa Libertadores con River Plate en 1986. “Era un 9 tremendo con el que aprendí mucho. Lástima que en una práctica se lesionó la rodilla y después perdimos una final con Patronato”
“A Sportivo Urquiza llegué porque no tenía club tras quedar libre en Patronato. Desde el club preguntaron por mí y fui enseguida. La verdad que los años que estuve los disfruté con un buen equipo y pudimos salir campeones. Le tengo un gran aprecio a la gente de Sportivo” destacó.
EL CAMINO DEL PROFESIONALISMO
“A los 18 años, después de Unión de Crespo, fui a Granada (España) un equipo que jugaba en un torneo regional, muy pocos saben esa historia. La pasé re mal porque en ese entonces estaba el problema de los pases que no te lo daban, estuve dos meses dando vueltas con ese tema, y cuando fui a los 2 meses cerró el libro de pases y me tenían que dar 3 meses más. Vivía con un muchacho que jugaba en Boca, había días que no comíamos porque no le pagaban al restaurant donde comíamos. Un día me enojé, me fui a la casa de un compañero mientras buscaba un club. Ya un día llamé a mi viejo que se enojó por la situación y me tuve que volver”, contó.
“Después volví a Paraná unos meses, apareció lo de Tecos de Guadalajara (México) donde estuve muy bien. Compartí con Duilio Davino, Flavio Davino pero ahí fui a los Tecolotes una filial del club porque habían decretado que podían jugar menores de 21 años. Después de eso, a los 23 años, dije basta ya no es para mi”.
Al respecto de ese momento, Cristian reflexionó: “Uno después se pone a pensar y se da cuenta que le faltan algunas cosas para ser jugador. Muchas cosas que hasta ahora recuerdo y me doy cuenta porqué fallaba. Jugar a las 8 de la noche para mi era terrible porque no dormía la siesta por ansiedad. Para ser jugador de fútbol profesional no solamente es necesario jugar bien, hay un combo de cosas que tienen que suceder. El 95 por ciento de todo es por la cabeza de cada uno”.
POST FÚTBOL
Tras el alejamiento de la actividad el Piojo mantuvo el vínculo como futbolista, en torneos amateur, y nunca pudo complir su deseo de formar futbolistas.
“Me hubiese gustado dirigir a los más chicos, formarlos. Estuve en un par de clubes pero a los chicos no los podes exigir sin saber lo que pasa en sus casas. Una vez me pasó que un nene trajo un papel, me dijo que se lo cuidara y quedó ahí. Después nos dimos cuenta que era una orden para hacer terapia, el profe me contó la situación y es algo que pasa en muchos clubes”.
Feltes destacó: “El fútbol es una necesidad, por ahí puedo decir pasión, pero para mi es una necesidad porque me cambia el ánimo. Cuando voy a jugar a la pelota vuelvo como otra persona. Además hoy mis hijos juegan al fútbol y ahí encontraron un lugar que antes no tenían”.
De su paso por el fútbol, Feltes valoró las enseñanzas de un gran referente campeón del mundo de 1978. “Aprendí mucho mirando, el que me enseñó cosas especiales fue Leopoldo Jacinto Luque en Paraná que estuvo poco tiempo. Era un tipo tan simple. Paraba la práctica y decía esto es así, te hacía pasar un poco de vergüenza pero te quedaba grabado”, contó el exfutbolista que tenía como ejemplo a Jorge “Chavo” Comas y a Pablo Futre.
EL APOYO FAMILIAR
“Mis hijos son todo. Vivo para ellos, saben que cuentan conmigo, son re compañeros y solamente les pido que siempre estén unidos entre ellos y sus padres. Son re buena gente”, señaló Piojo sobre sus hijos Ciro y Helen. También reconoció y valoró la amistad con sus hermanas, Carina y Nadia, que siempre estuvieron en las buenas y en las malas.
Sobre su vida y la carrera deportiva que emprendió valoró: “Siempre con la pelota, soñando con jugar al fútbol. Sin ser profesional, solo jugar a la pelota y llegar a la primera de mi club”, recordó al observar una fotografía de un Cristian muy pequeño junto a una pelota de fútbol.
“Lo que me recomendaría es escuchar a la gente grande que en ese entonces me preguntaba para qué y después con el tiempo me reproché porqué no le hice caso. Son decisiones de uno, creo que nunca tomé decisiones malas en lo deportivo pero por ahí puede haber sido distinto. Cuando sos chico no la ves por eso creo que es importante acompañar los más chicos con el ejemplo. Igualmente fue un muy lindo camino el de mi vida”, señaló.