
El ex defensor de Talleres de Córdoba recordó aquel partido hace 45 años donde debutó Diego Armando en Argentinos Juniors y él lo vivió dentro de la cancha. José María también recordó el momento que decidió dejar la actividad por haber tenido que dejar River Plate, el regreso al fútbol con Sportivo Belgrano, su paso glorioso por la T y el afecto del pueblo cordobés.
El fútbol fue y es su pasión desde muy chiquito se esforzó tanto que a los 15 años debutó en la primera de Patronato y al año siguiente fue a préstamo a River Plate. Su paso por la institución de Núñez no fue muy grata, regresó a Paraná y luego de un tiempo estuvo a punto de dejar la actividad con tan solo 20 años. Y por un torneo interno que jugó con sus compañeros de trabajo resurgió su carrera deportiva que lo llevó a ser parte de un capítulo histórico para el fútbol argentino: estuvo en la cancha el día que debutó Diego Armando Maradona.
Por ese entonces, Pepe Avellaneda defendía los colores de Talleres de Córdoba y debían enfrentar a Argentinos Juniors. “Los dirigentes nos dieron a entender que íbamos a jugar sin público porqué Argentinos venía mal y nosotros que estábamos punteros no iba a ir gente de Córdoba porque era entre semana”. Eso fue en la comida previa al encuentro en el Hotel Presidencial donde en aquel entonces los jugadores se permitían otras cosas
“Bocanelli, Ludueña, Bravo y yo estábamos en la misma mesa. Ludueña no tomaba el sábado a la noche, pero con los otros le dábamos propina al mozo y nos llevábamos la botella de vino al dormitorio. Era un folclore”, recordó con gracia.
“Llegamos dos horas antes al estadio y entraba gente como hormiga. Fuimos a la platea a preguntar que pasaba y no dijeron que iba a debutar un chico diferente”, recordó el exmarcador de punta.
“Después entró en el segundo tiempo y le hizo un caño ida y vuelta a Cabrera que lo fue a encimar. Dio dos vuelta a la pelota, le tiró un caño a Cabrera que quedó mirando el arco de Argentinos y Diego nuevamente le tiró un caño y lo dejó mirando el arco de Talleres. Cabrera le dijo la próxima te voy a sacar la muela. No estábamos acostumbrados a ver cosas como esa, se notaba que tenía potrero”, dijo Pepe que luego lo sufrió como titular en el partido de vuelta.
“En Córdoba fue de titular y le tiró un caño a la Rana Valencia que con el tiempo se hicieron muy amigos y fue su compadre porque Diego fue el padrino de la primera hija de la Rana”, contó.
De ese hecho histórico para el fútbol argentino pasaron 45 años y el paranaense ex Patronato, Atlético Paraná, River y Sportivo Belgrano de San Francisco es un recuerdo que aún hoy sigue muy vigente.
SU DESTINO ERA EL FÚTBOL
Con tan solo 15 años Cacho Dubroca, entonces entrenador de Patronato, lo convocó para jugar con la primera por la lesión de Cirilo Ramírez en un partido de práctica con la cuarta división, donde jugaba Pepe. “Me citó para debutar contra Talleres en el estadio viejo. Me puso como central que a pesar de mi altura yo saltaba mucho”, contó Pepe que en ese encuentro vistió una de las camisetas del Real Madrid, todo el equipamiento blanco, que regaló Enrique Olsen.
Luego de eso pegó el salto a River Plate, pero lo que parecía el inicio de su carrera profesional quedó todo como una gran desilusión. “ Estuve dos años a préstamo con opción de compra y me compran en 500 mil pesos. Pero ese mismo año me dejaron libre. Parece que le hacía sombra a alguien que después me dijeron que era al Japones Pérez, por eso me dieron el pase, creo que ahí hubo algo de por medio”, señaló el hombre que pudo compartir vestuario y juego con Carlos Morete, JJ López, Mostaza Merlo entre otros.
Tras ese fugaz paso volvió a la capital entrerriana para jugar en Atlético Paraná donde salió campeón. Durante ese período rindió para un puesto en el Banco Nación y al no haber vacante en Paraná le dieron a elegir entre San Francisco y Goya. “Mis padres me dijeron que si iba a San Francisco la distancia era más chica y ahí fui. En ese entonces le dije a mi padre que no iba a jugar más al fútbol y tenía 20 años”, recordó Avellaneda.
Su segunda oportunidad comenzó en diciembre de 1970 en un torneo de fútbol entre bancarios. “Los muchachos me preguntaron si sabía jugar al fútbol y le dije ‘no, más o menos’. Me compré unas zapatillas, vendas y fui a jugar el torneo que era sábado y domingo. En el vestuario se repartieron las camisetas y a mi me dieron la 3 porque fue la única que quedó. Y vieron que metía la plancha, el codo, vieron que estaba en estado”, comentó.
“Ganamos los partidos del sábado y el domingo ganamos la final. Ahí me vio un hombre de apellido Spica que era el vicepresidente de Sportivo Belgrano que trabajaba en el banco de Córdoba. Me dijo usted tiene muchas condiciones le gustaría jugar en Sportivo Belgrano, le digo qué es eso y me dijeron que era un club que juega la liga cordobesa contra Belgrano Instituto Talleres y yo no tenía ni idea", aceptó la idea y realizó toda la pretemporada a tiempo.
El día de su debut le advirtieron que era la prueba principal para saber si se quedaba o no. “en el vestuario el DT, MiguelPonce, me preguntó si no me masajeaba y le dije que no si iba a entrar en el segundo tiempo, porque de 6 estaba Enzo Trossero, y me dice ‘quién le dijo eso, usted va de titular”, contó. Luego de eso Pepe decidió volver a Paraná a visitar a su familia y mientras esperaba el colectivo llegaron el presidente y el vice de la institución de San Francisco.
“Estaba tomando un café el mozo viene y me dijo allá lo está esperando el presidente. Voy y le pregunto que pasaba y me dijeron vamos a Paraná a comprar el pase y fuimos en un 506 nuevito. Me compraron, me pagaron la pensión, me dieron un sueldo y al año me compró Talleres”.
El pase a la T tuvo una cláusula impuesta por el padre de Pepe que requería que también le consiguieran el traslado de sucursal del Banco Nación hacia la capital cordobesa. “Si no me conseguían el traslado el pase no se hacía. Al miércoles siguiente viajé y me quedé en una pensión en Córdoba capital. Pero luego con el golpe militar, dentro del banco me obligaron a renunciar”, relató el exfutbolista que con el correr de los años fue muy querido por los hinchas cordobeses.
TALLERES
“Por Talleres fui reconocido en Córdoba. Jugábamos por la camiseta. Salvo por Galván Valencia y Oviedo que jugaron un mundial e hicieron un poco de dinero, después lo demás jugábamos por partido. La época en Talleres fue fenomenal, me hizo conocer todo el país, conocí casi toda latinoamérica. Es como mi segunda casa”, reconoció Avellaneda.
En 1977, la selección de Polonia llegó al país para jugar dos amistosos uno ante la selección Argentina de Menotti y otro ante la "T" en la Boutique. En el equipo tallarín estuvo José María que le tocó un parada brava al tener en frente al goleador Grzegorz Lato
Fue la única vez que me temblaba la pera. Ganamos 1 a 0 con gol de Bravo. En Carlos Paz habíamos arreglado un platal por ganarle a Polonia, ponele 150 mil pesos de hoy. Faltando 15 minutos, estábamos defendiendo en el punto penal tirabamos la pelota afuera, no salíamos desde el área chica”, recordó Pepe.
UN IRACUNDO
Los Iracundos también son parte de su vida que nació en la adolescencia y aún hoy los homenajea con su programa radial Por Siempre Iracundos. José María Avellaneda, que los recuerda todos los sábados, recordó aquel primer show donde tuvo que ayudar a su madre en la casa para comprar la entrada
“Los conocí por primera vez en la escuela Neuquén, para comprar la entrada le lustré la casa a mi madre. Y no era que había enceradora, era un ladrillo con felpa abajo que había que llevarlo. Fuimos como 50 chicos de 15, 16 años al club Neuquén, que de tanta gente se vino abajo una pared del club. Después me hice amigo de ellos”, comentó Pepe.
FOFITO AVELLANEDA
“Fue un genio y tampoco pudo ser un genio por ser mamadera como decíamos de chico, muy pegado a la madre. Lo vino a buscar Valdano con dirigentes de Newell’s y por ser pegado a mi madre no triunfó”, dijo sobre su hermano a quien le vio mucho futuro en el fútbol pero que no prosperó.
“He jugado al fútbol y he visto jugadores de toda índole, pero no me voy a olvidar jamás de los 3 zurdos que jugaron por la misma línea, Carlitos del Castillo, Fofito y Paloma Quinteros. Ahí jugaban como si fuera tenis, era impresionante. Ellos jugaban así”, sostuvo.
De los tres hermanos avellanedas, Pepe, Fofito y una hermana menor radicada en Mendoza, ninguno tuvo hijos que siguieran el deporte. “Yo tuve hijos varones y ninguno juega, Fofito tuvo mujeres, pero nos dieron satisfacciones por otro lado”, destacó José María.
SU PARANÁ
Años lejos de su casa y su ciudad natal no impidieron que olvide sus raíces y el sentido de pertenencia de la ciudad que ama. “A Paraná no la cambio por nada. Por más que perdí mi adolescencia estando esos años en River que viajaba en tren todos los días. En 5 años en Talleres me pude comprar un Fiat 600 0km y siempre viajaba a mi casa. Lo hacía de noche por que el motor se calentaba y eso que iba a 80-90 km y tardaba 10 horas en llegar. Pero cuando pasaba el puente Colastine y veía las luces de mi Paraná querido”,contó con emoción.
Asimismo, agradeció por que “recién ahora se están acordando de Pepe Avellaneda”, en la capital provincial. “Paso el río, voy a San Francisco y me adoran. “A pesar de todo lo que he cometido mal mantengo mi dignidad, no hago diferencia con nadie. Me da lo mismo tomar algo en calle Mitre o en Humito, soy un muchacho de barrio nacido en calle Courreges y Libertad antes de llegar a la vía. Es como los discos de Los Iracundos, Sin Palabras porque no tengo más que palabras para agradecer “, remarcó el ex futbolista.