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Sergio Jarupkin, el que fue campeón con Quique y Talleres: el histórico "Goyi"

Se destacó en el Equipo de la Ciudad. Brilló en La Unión de Colón y en Córdoba. Fue Preselección Argentina y Selección Entre Ríos. Su clásico tirito con tablero desde el poste alto, una marca.

Goyi Jarupkin comenzó a jugar al básquet en Quique con tan solo 5 años de edad. Sin embargo, ya en el final de su carrera deportiva dejó su huella en Talleres integrando el Equipo de la Ciudad. “Cuando jugaba en Córdoba decidí volverme porque también se me terminó el contrato del lugar donde trabajaba. Con Claudia, mi esposa decidimos volver a Paraná. Le pedí a un amigo de la escuela que era contador del frigorífico Montiel y me consiguió un puesto ahí”.

En paralelo a la fuente laboral, Sergio tuvo varias propuestas deportivas en el ambiente local del básquet. “Podía volver a Quique, pero también Alejandro Dilenque se enteró que estaba en la ciudad y me invitó a jugar en el Equipo de la CIudad. Deportivamente era mucho más tentador porque venía de jugar Liga y otro nivel, que era totalmente distinto si iba a Quique que era para jugar en la liga local”.

Optó por Talleres con muy buenas presentaciones por varios años. “La gente de Quique quizás quedó un poco resentida, pero realmente lo de Talleres era mucho más tentador en lo deportivo”.

Una de las mejores versiones de Jarupkin se dieron en su estadía en Colón, vistiendo la camiseta de La Unión. “Quizás se dio ahí porque estaba más maduro. Después de eso me fui a Córdoba donde tuve una buena experiencia y ya cuando uno está más maduro con 26 o 30 años es donde uno tiene la experiencia de haber golpeado contra rivales más fuertes y se hace más sólido en el juego”, reflexionó.

Por mandato familiar, en la época donde el básquet de primer nivel estaba a la vuelta de la esquina, Goyi priorizó el estudio académico y el deporte quedó relegado. “Tenía que estudiar y recibirme, entonces tuve una oportunidad en juveniles en un reclutamiento que hizo Unión de Santa Fe. Justo Reynoso me había visto en cadetes, le gustó cómo andaba y me quisieron llevar. El mandato era seguir estudiando y cuando planteé las cosas en Quique me dijeron que no. La realidad era que Unión pagaban poco, pagaban los estudios y quizás un par de zapatillas y los de Quique me igualaron la propuesta y me quedé”, contó Jarupkin.

En su época de universitario, Sergio hizo la carrera de Ingeniería Química durante un par de años. “Tenía que dedicarme 100% y yo entrenaba a los minibásquet en Quique, jugaba en la selección y tenía bastantes ocupaciones para dedicarle todo el tiempo necesario. Además jugaba en Quique o en las selecciones de Paraná o Entre Ríos. El estudio entonces quedaba en tercer plano”.

“En aquella época si no te dedicabas o te propones la meta de jugar al básquet no se daba. Algo de eso pasó porque en el 86 cuando me fui de Quique a la fusión de Macabi y Noar Sioni, donde jugaba mi hermano, porque iban a participar en la Liga. Me llevaron a jugar en Córdoba, fui con mi señora que estaba embarazada de mi hijo Julián. Hicimos buena campaña, pasó que al final de año no hubo acuerdo entre ambas instituciones y dieron de baja la institución. Ahí volví a Paraná y Anibal Canteros se enteró que estaba libre y me llevó a La Unión de Colón”, comentó.

Sobre su paso por la institución colonense, aseguró: “Tengo los mejores recuerdos de La Unión de Colón porque lo pasamos bárbaro. Le estoy muy agradecido, tanto como mi señora, a Carlos Delasoie por el trato que nos dieron en ese tiempo. Realmente todo era una familia. Carlos manejaba todo, los 30 de cada mes iba a casa a tomar un café y me llevaba el sueldo. Nunca me faltó nada. Lo lindo es la huella que quedó en el club, cuando cumplió 100 la institución nos invitaron y en la calle me lo reconocieron mucho ese día", sostuvo.

UNA GRAN PASIÓN POR QUIQUE CLUB

“Siempre digo que siempre tengo la camiseta de Quique y voy a morir con la camiseta”. Con el club de sus amores fue campeón de la Liga Paranaense en oportunidades entre 1980 y 1985.

LOS MEJORES

“Con los mejores que compartí cancha fueron con los que tenían nivel nacional integrando el seleccionado de Entre Ríos. Anibal Sánchez, Chuzo González y los hermanos Benedetich”, señaló. En su carrera disputó 5 campeonatos argentinos con el selectivo entrerriano del 82 al 86.

“En el 84 fue la sorpresa porque éramos amateur. Recién Sebastián Uranga iba ascendiendo, formamos un equipo muy sólido donde Roberto Salazar me dio la manija del equipo”, remarcó.

“Yo siempre dije que era un base mentiroso porque nunca jugué de base pese a haber jugado en casi todas las posiciones. Al principio por mi altura me ponían de pivot de espalda al aro. Igualmente remarco que si hubiese entrenado para jugar de 1 o de 2 podría haberlo hecho. Pasar la pelota y asistir a los compañeros es lo que más me caracteriza”, contó.

Era uno de los jugadores que tenía una gran cualidad para tirar contra el cristal o desde una distancia de 4 metros. “El tablero es fundamental. Cuando enseño, lo primero que recalco, es que usen el tablero porque para algo está. Uno entrena mucho, yo lo hacía y me gustaba innovar. Con mi gran amigo, Sergio Padula, entrenaba y le decía que se pare en tal lugar, que defienda, que abra un poco las piernas entonces yo giraba, tiraba un caño y hacía un doble”, recordó. Y continuó con el relato: “Eso lo entrenaba y un día tuvimos la suerte, donde la Federación de Entre Ríos invitó al seleccionado argentino a jugar un amistoso. Allí jugaba Luis González, de 2 metros, y que otra cosa podía hacer yo contra él con semejante altura. Entonces pensé en el caño como venía practicando y salió bien, pero creo que erré la bandeja”.

CUENTAS PENDIENTES

Sergio Jarupkin reconoció que uno siempre aspira a más dentro de la carrera deportiva teniendo en cuenta con los compañeros de camada con los que compartió equipo y tuvo la suerte de llegar tres veces a las preselecciones juveniles de Argentina.

“Que te consideren entre los 15 mejores del país está buenísimo. Estaban Pichi Campana, Richiotti, Uranga, Anibal Sánchez, Chuzo Gonzáles, entre tantos otros chicos con los que compartí en juveniles y primera”.

“Todos esos chicos jugaban Liga Nacional, ni hablar los que estaban en Bahía Blanca o Capital Federal. Que Diego Maggi te ubique significa que hiciste algo bueno”, contó.

“Realmente uno añora esas épocas porque realmente fueron las mejores, en lo deportivo más que nada, a partir del mini básquet y después en la categoría un poquito más grande, que éramos los cadetes y los juveniles. También tuvimos la suerte de integrar selecciones mayores siempre representando a Paraná y a Entre Ríos”, valoró Goyi.

UNA VIDA CON EL BÁSQUET

Nacido en inmediaciones a la sede del Quique Club, Goyi ya desde muy pequeño se interesó por el básquet. Tal era el entusiasmo por jugar que con su hermano entraban clandestinamente a las instalaciones para jugar un rato antes de los entrenamientos.

"Mi casa estaba sobre calle Villaguay, cruzábamos a la casa del vecino, saltábamos el tapial y entrabamos a la cancha. Cuando escuchábamos algún ruido de que se abría el portón del club, salíamos y entrábamos por la puerta para empezar los entrenamientos", recordó Goyi que con 62 años agradece su etapa deportiva y su crecimiento personal.

"Fueron muchísimas cosas. En lo deportivo me fue muy bien y en lo personal pude formar una hermosa familia con mi señora y 4 hijos. El básquet me permitió sobrevivir hasta los 30 y pico de años. Pero además, y yo digo que es lo fundamental, que me dio reconocimiento porque donde voy se acuerdan de Jarupkin, el que jugaba en Quique y demás. Es algo que me abrió muchas puertas", señaló Goyi.

"Me fue bien en la vida, no me arrepiento de nada. Estoy conforme con lo que me ha tocado", aseguró.

LA FAMILIA

"Con Claudia nos conocemos desde los 15 años que nos pusimos de novios. Fueron 8 años hasta que nos casamos y hpy cumplimos 40 años de casado. Es toda una vida", contó emocionado.

Y contó: "Siempre digo que le opaqué la carrera en el básquet, es una gran jugadora. También la acompañe después de los 3 primeros hijos que fue a jugar a Alas Argentinas con Cachi Bonell. Entonces íbamos a verla con los chicos cuando jugaba".

También se pudo dar el gusto de jugar con Julian, su hijo mayor. "Yo dejé de jugar en el 99 y pasaron 4 años donde yo estaba más para jugar en maxibásquet. Justo se da que Julián va a Quique nuevamente, después de Sionista, y me invitan a jugar yo ya venía en estado porque había disputaro torneo de maxi. Entonces se dio la posibilidad de jugar en primera con él y me saqué las ganas."

"La idea era jugar 10 minutos pero terminaba jugando 20 o 30 entonces no me dio mucho el cuero. Después jugando ambos en Maxibásquet en +35 y ahora soy su entrenador. Me gusta, reniego un poco pero es lo que a uno le gusta", comentó.

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